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Editorial
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Control edil e informalidad
Lunes,  1 de Agosto, 2016

La creciente venta de comida callejera ambulante en la capital cruceña se ha convertido en un auténtico problema para las autoridades ediles. Por una parte, porque a menudo este tipo de negocios infringen las normativas municipales, especialmente de tipo sanitario, que suele traer consecuencias indeseables para la salud pública, pero por sobre todo porque la regulación y control de estos negocios itinerantes carece de la reglamentación y el respaldo legal correspondiente para frenar su expansión o normar su actividad. Sin duda, las autoridades locales tienen evidentes impedimentos para ejercer el principio de autoridad ante una actividad ligada a la informalidad y al autoempleo.
 
En el fondo, la proliferación de comida rápida callejera viene a ser un fenómeno socio cultural y económico que refleja las necesidades de la gente. Las necesidades de los que consumen y también de los que ofertan. Sin demanda no hay oferta. Por otro lado está el factor cultural, porque existe una costumbre de comer en la calle, al paso, prácticamente sin medir las consecuencias de tal práctica. Quienes ofrecen comida rápida, al paso y de manera itinerante, son emprendedores que se han apercibido de la oportunidad de conseguir ingresos económicos al menos de manera temporal. Cuando existe la oportunidad económica y falta el control de las autoridades, surge la actividad informal.
 
Conviene asumir que la capital cruceña se ha convertido en una ciudad de pujante desarrollo y crecimiento en todos sus órdenes, al punto que la regulación de las actividades urbanas sobrepasa la capacidad y cobertura de las autoridades municipales. No solo resulta preocupante el incremento demográfico que conlleva la necesidad de servicios básicos, vivienda y otras necesidades que se tornan imperiosas y que el municipio se encuentra en la imposibilidad de atender en el corto plazo, sino que la necesidad de una fuente laboral que garantice la sobrevivencia se perfila como una acuciante realidad social. No debe extrañar, por lo tanto, que la informalidad trascienda.
 
Los comerciantes asentados en las inmediaciones de los mercados populares, incluyendo los “nocheros”, son ejemplos vivos de una informalidad difícil de controlar y eliminar si se sigue permitiendo la vulneración de la legislación edil. Pero se hace más difícil aún si para ciertas actividades, como las de los venteros ambulantes de comida rápida, cuando no existe una legislación específica. Ofrecer comida preparada desde un vehículo estacionado en un espacio público puede parecer pintoresco y hasta tolerable, cuando no justificable, pero resulta inaceptable si se la prepara a la vista, sin guardar las normas sanitarias establecidas y sin recabar la imprescindible autorización municipal.
 
Ante esta situación, el municipio se encuentra de cara a una oportunidad interesante. Por un lado está obligado a elaborar y sancionar con celeridad las normas respectivas para regular la venta ambulante de comida rápida en el ámbito urbano, lo cual es bueno. Además, esta ineludible tarea de supervisión de actividades económicas informales por la Alcaldía, debe acompañarse de las correspondientes exigencias de control sanitario y de la justificada regularización de estos negocios incorporándolos a la formalidad. Urge ejercer el principio de autoridad para poner orden donde corresponda, mientras se despliegan esfuerzos para preservar la salud pública y mejorar la imagen de la ciudad.

El municipio se encuentra de cara a una oportunidad interesante. No solo está obligado a elaborar y sancionar cuanto antes las normas respectivas para regular la venta ambulante de comida rápida, sino también preservar la salud pública.

 

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