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Editorial
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Hay que dejar el aislamiento
Viernes,  14 de Agosto, 2015

Hay quejas por los gastos que ha significado para el país el traslado del presidente Morales a bordo de su avión exclusivamente para celebrar en La Habana el cumpleaños del líder cubano Fidel Castro. Los que prefieren verlo de otra manera dicen que el mandatario boliviano hace lo correcto, es decir, acercarse más que nunca a Cuba, ahora que la isla se está apegando a Estados Unidos y alejándose de sus viejos ideales comunistas.

El gesto de nuestro mandatario puede ser muy significativo precisamente después de que él mismo anunciara algunos avances en el deshielo de las relaciones con Washington y se refiriera, después de reunirse en el Palacio de Gobierno con el encargado de negocios de la embajada norteamericana en La Paz, a la posibilidad de reponer embajadores, exactamente lo que están haciendo Cuba y Estados Unidos.

Razonar así parece muy especulativo, aunque lo que ocurre entre Cuba y Estados Unidos no tiene ni un gramo de fábula ni marcha atrás, puesto que se trata de la última tabla de salvación que pueden tener los cubanos, cuya “revolución” siempre estuvo sostenida sobre alguna muleta, primero la de los soviéticos y luego la que les proporcionó el generoso padrinazgo del chavismo, que ahora ni siquiera tiene cómo sostenerse a sí mismo y va camino al despeñadero.

He ahí precisamente otra de las interpretaciones que se puede extraer del sorpresivo acercamiento entre Estados Unidos y el régimen boliviano con un discurso rabiosamente antiimperialista y anticapitalista, pero que al final de cuentas podría verse obligado –no tanto como Cuba-, a aceptar todas las ayudas posibles, ya que ni bien se produjo el encuentro, se mencionó de la eventualidad de reponer las preferencias arancelarias estadounidenses a las exportaciones bolivianas, una ventaja que vendría muy bien en el periodo de vacas flacas que se avecina.

En Bolivia no se anticipa una crisis como la de Venezuela y tampoco un estado de inanición como el de Cuba, aunque todo aquello es según la versión oficial de nuestros gobernantes, que de acuerdo al cuadro que pintan, no tendrían por qué andar haciendo amigos en el bando opuesto y menos ahora que tienen que tragarse tantos sapos (aunque menos que Cuba).

Más allá de los discursos, las poses, las especulaciones y los gestos, lo cierto es que la situación de crisis mundial no está para mantenerse en el aislamiento. Lo ha demostrado Cuba y también Irán, dos países que se mantenían encasillados en posturas irreconciliables que habían conducido a sus pueblos a sufrir graves consecuencias.

Y por más aplausos que consiga el presidente con sus vociferaciones contra el imperio, jamás podrá cambiar una realidad con la que se debe coexistir y mucho menos todavía, hacer funcionar un modelo político y económico que ha fracasado reiteradamente. El discurso no cambia las cosas por más bonito que suene y por más ruido que provoquen las palabras en las tribunas, sabiendo que quienes alientan suelen actuar de modo distinto y proceden en función del pragmatismo. En otras palabras, parece haber llegado la hora de dejar el espectáculo.

Más allá de los discursos, las poses, las especulaciones y los gestos, lo cierto es que la situación de crisis mundial no está para mantenerse en el aislamiento. Lo ha demostrado Cuba y también Irán, dos países que se mantenían encasillados en posturas irreconciliables que habían conducido a sus pueblos a sufrir graves consecuencias.