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Editorial
El tacú de papel
El animal más peligroso
Jueves,  9 de Abril, 2015

H e quedado fascinado por el relato de la primera observación del mundo microscópico por Anton van Leeuwenhoek (1632-1723), un holandés comerciante de telas, carente casi por completo de formación científica, pero dotado de gran curiosidad, paciencia y habilidad. Fue el pionero del microscopio óptico, al construir un sistema de diminutas lentes biconvexas montadas sobre placas metálicas, que le permitían ver objetos minúsculos aumentados hasta trescientas veces. De hecho, casi entra en pánico cuando vio por primera vez los llamados “animáculos”, y pidió perdón a Dios por traspasar límites que consideraba prohibidos para el ser humano. Menos mal que siguió adelante.

Gracias a esos avances, surgió la teoría celular y Robert Hooke pudo describir por primera vez las células vegetales. El miedo de Leeuwenhoek ante esa novedad, pues los “animáculos” podían ser muy peligrosos, podría compararse al descrito por Louis Pawels y Jacques Bergier en su obra El Retorno de los Brujos, donde detalla cómo un cuervo, perdido en la espesa niebla, se topa de pronto con un rostro humano. El pavor que se apodera del ave lo desquicia. Jamás su cerebro pudo asimilar que un ser humano invadiera su elevado reino. En realidad, el cuervo descendió mucho al extraviarse en la niebla. Su graznido enloquecido probaba que nunca más volvería a ser el mismo cuervo.

Los animales no son peligrosos para otros sino en la medida que son parte de una cadena alimenticia determinada. Sobre esta base, estará de acuerdo, estimado (a) lector (a), que en general los animales del reino salvaje sólo matan o atacan por necesidad de supervivencia. Así, el ataque y la defensa de unos y otros determinan, finalmente, los complejos mecanismos que caracterizan a sus órganos sensoriales y su estructura anátomo-fisiológica para sobrevivir. Sostenidos por las leyes que gobiernan la herencia y el medio ambiente, pueden preservar su especie y conservar el equilibrio natural. Esta permanente lucha determina la existencia del más apto y la muerte de los más débiles.

En el mundo actual, el hombre se ha mirado en el espejo e identificado a sí mismo como el animal más peligroso, porque mata y destruye de manera irracional, a menudo por el solo placer de hacerlo. En esta vorágine, el hombre ha creído oportuno valerse de algunos animales para extender la violencia, el dolor y la muerte. En la antigüedad era habitual que las fuerzas del imperio romano usaran perros especiales -el rottweiler- en sus campañas de guerra. Grupos de estos perros eran soltados para buscar y destrozar al enemigo. Con esos y otros fines, surgió la crianza de los llamados perros peligrosos. Por esta insensata y abusiva acción, los perros no son culpables pero sí los seres humanos.

Las 15 razas caninas consideradas peligrosas son: American Staffordshire Terrier, Bull Mastiff, Bull Terrier, Doberman, Dogo Argentino, Dogo de Burdeos, Fila Brasileño, Gran Perro Japonés (Akita Inu), Pitbull, Presa Canario, Rottweiler, Staffordshire Terrier, Mastiff Inglés, Tosa Inu y Mastín Napolitano. Sin duda, su tenencia debe ser regulada y controlada, porque el factor humano falla una y otra vez. Usados para peleas a muerte con otros perros, o para el excesivo rol de guardianes, por su constitución musculosa y reacción agresiva en cualquier  momento, estos animales son peligrosos para propios y extraños. Por culpa del hombre, el animal más peligroso del mundo.

(*) Fernando Luis Arancibia es periodista. Médico pediatra. Magister en Educación Superior y en Salud Pública.

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Fernando Luis Arancibia Ulloa
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