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Editorial
Miradas
Del Estado quejón al Estado Emprendedor
Domingo,  22 de Marzo, 2015

D esde el poder se ha afirmado que el sector privado boliviano sería el responsable por el 2015 la economía no llegue al 5,9% de crecimiento. En base a este reclamo, el gobierno ha rebajado la proyección de crecimiento del producto tan solo al 5%.

La constatación de que el sector privado no está invirtiendo los montos previstos fue una mezcla de queja y denuncia. Homogeniza a todo el sector privado y se pone a todos en el mismo saco.  Pequeñas, medianas y grandes empresas se las mide con la misma vara; se junta firmas de todos los sectores de la economía; se borra la línea entre mercado interno y externo; y no se distingue entre los formales e informales. Suena a un reclamo de suegra que le hecha en cara al badulaque sector privado su falta de compromiso con al inversión.

En términos más técnicos y siguiendo algunas ideas de Lord Keynes se interpela por la falta de “espíritus animales” en el sector privado nacional. Es probable que el reclamo sea valedero para algunos empresarios. No hay duda que sectores como comercio, construcción, servicios financieros, para mencionar los más importantes, están ganando ríos de marmaja agarrados de la levita de la burbuja de consumo por la que atraviesa la economía. Pero les aseguro que el sector privado productivo formal - que genera empleo de largo plazo, aquel vinculado a la industrialización y diversificación del país - no le ha ido bien, porque este enfrenta un tipo de cambio real apreciado que juega en su contra; lidia con una política salarial redistribucionista, incluido segundo aguinaldo,  que ha aumentado significativamente sus costos y que ignora olímpicamente los temas tanto de innovación como productividad; y más aún tiene que competir con un sector informal que no tiene ningún tipo de restricciones.

Pero la política de reproches solo refuerza una relación de amor y odio viciosa que se reproduce hace 9 años. Por parte del gobierno, la vieja estrategia política de curarse en salud y echarle la culpa a los otros, en este caso el sector privado michi que no pone su plata. Por el lado de los gremios empresariales, varias respuestas unos siguiendo la Ley de Soliz, “hazte al soncito y serás feliz”,  asustados porque el poder los convenció que cualquier opinión, contraria a la política económica del gobierno, es una conspiración. Otros presentando el viejo pliego petitorio del “falta todo” para poder invertir.  Y tal vez la mayoría, sufriendo de una ausencia de política productiva e industrial novedosa.

Antes de seguir con el concurso de pasarse facturas de algo que aún no sucedió, tal vez sería más recomendable reconocer las otras causa que podrían afectar el crecimiento, este año, como ser: la fuerte caída de ingresos por exportaciones y la falta de políticas productivas que miren más allá del modelo extractivista minero y gasífero. El momento no es de encontrar chivos expiatorios y sí salir de la caja pensando en soluciones diferentes.  Pasar del Estado (el sector privado) quejón al Estado (al empresario) emprendedor, para esto me permito seguir las ideas de jóvenes economistas como Mariana Mazzucato y Ha-Joon Chang y viejos gurús como Keynes. Este último afirmaba que: “Lo importante para un gobierno es no hacer cosas que las personas ya lo están haciendo, y hacerlo un poco mejor o un poco peor; si no realizar cosas que en la actualidad no están siendo hechas en absoluto”. Es decir este puede ser un momento para salir de la trampa del rentismo, promover la diversificación del aparato productivo e impulsar un crecimiento inteligente basado en la innovación que además sea inclusivo y sustentable.   Para esto se debe repensar el rol del gobierno y la política pública en la economía superando dos paradigmas. El primero, más ortodoxo, que sostiene que las acciones del gobierno solo deben corregir las fallas de mercado (externalidades negativas, monopolios y oligopolios, fallas de información y coordinación y bienes públicos) y el segundo, más heterodoxo, que sostiene que el Estado debe desplazar al sector privado porque es el único que puede ofrecer valor social.

El crecimiento inteligente también evita las fallas de gobierno como ser: la captura del Estado por parte de intereses privados (nepotismo, corrupción, rentismo, grupos corporativos).  Mala asignación de recursos (elegir a los amigos y compañeros del partido).  Competencia desleal con las iniciativas privadas (el desplazamiento).

El crecimiento inteligente requiere no solamente de recursos para la innovación sino de una visión estratégica y una dirección. En este camino, la acción del Estado, da forma y crea mercados que promueven crecimiento inclusivo y medio ambientalmente responsable. Es decir es un Estado emprendedor dispuesto a invertir y promover de manera pionera áreas donde hay que tomar más riesgos, como la innovación tecnológica para la producción de bienes y servicios que satisfagan ala base de la pirámide social.

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Gonzalo-Chavez-
Gonzalo Chavez
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