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Editorial
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Con la fe no se juega
Jueves,  11  de Diciembre, 2014

Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Esas son palabras de Jesús, el hombre más influyente que haya pisado la tierra y que sentó las bases de la fe que profesa la mayoría en el mundo occidental y, por supuesto la mayor parte de los bolivianos.

Esa frase ha sido interpretada de muchas maneras y en nuestro caso sirve para respaldar la separación entre Iglesia y Estado, una iniciativa que tomaron hace mucho los regímenes liberales y que es aceptaba y promovida por los propios líderes eclesiales, que sin embargo, exigen el debido respeto al ejercicio del culto, un derecho que forma parte del conjunto de las garantías más elementales.

Hace unos días sorprendió a muchos la inmensa convocatoria que tuvo el llamado de la Iglesia Católica de Santa Cruz a participar en la tradicional romería al santuario de Cotoca, para venerar a la patrona del Oriente y festejar la fiesta de la Inmaculada Concepción, un evento que marca el origen de la fe cristiana, fundamentada en la promesa de la salvación y la vida eterna.

Estábamos acostumbrados a escuchar cifras como 300 mil y hasta medio millón de fieles caminando los 17 kilómetros que separan a Santa Cruz de Cotoca, pero nadie se hubiera atrevido a pronosticar el millón de almas que acudieron el pasado ocho de diciembre en romería, según informaron diferentes medios de comunicación que reportaron el acontecimiento religioso.

El asombro se da porque justamente en este país católico y con marcado apego a las grandes demostraciones de religiosidad popular, el régimen político se empeña en medir fuerzas con la Iglesia y con sus jerarcas y no solo trata de desacreditarlos y humillarlos públicamente, sino que paralelamente promociona efusivamente otro tipo de manifestaciones de culto supuestamente ancestrales, que tienen todo el derecho a existir, pero que no forman parte de las atribuciones de un Estado supuestamente laico y legalmente separado de la religión.

No hay duda que existe el interés de los gobernantes de debilitar a una Iglesia que es protagonista en todos los campos de la fe, es decir, con una relación muy cercana al pueblo que celebra a Dios, con testimonios vivos que se expresan a la atención a los más desvalidos y con un mensaje esperanzador y reflexivo, que exige justicia, verdad y paz. A la Iglesia la quieren sacar de la educación y otras actividades; pretenden arrinconarla en los templos y obviamente, buscan callar su voz que ilumina a un pueblo que naturalmente aclama a los líderes políticos que gozan de una genuina legitimidad, pero que no tienen el derecho a erigirse como dioses todopoderosos.

La demostración de fe de la romería a Cotoca es especialmente destacable, porque además se da en el oriente, donde los gobernantes han depositado toda su energía destructiva de las manifestaciones culturales, religiosas, económicas y políticas. Ha sido el testimonio de mucha gente que seguramente tiene esperanzas en un verdadero cambio, sin que ello implique renunciar a lo que consideran sagrado y digno de respeto. Por último, ese millón de personas, que no recibió un bono para ir a Cotoca, que tampoco fue acarreado por algún dirigente y que más bien está obligado a meter la mano al bolsillo para ayudar a su Iglesia, es también una muestra del clamor colectivo por días mejores para este país que sigue pintándose maravilloso solo para unos cuantos.

No hay duda que existe el interés de los gobernantes de debilitar a una Iglesia que es protagonista en todos los campos de la fe, es decir, con una relación muy cercana al pueblo que celebra a Dios, con testimonios vivos que se expresan a la atención a los más desvalidos y con un mensaje esperanzador y reflexivo, que exige justicia, verdad y paz.

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