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Editorial
Clepsidra
Culto al Ego
Jueves,  10 de Julio, 2014

S on innumerables las opiniones que ha generado el decreto del presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís, al anunciar que se acabó el culto a la persona del gobernante, por lo menos durante su recientemente inaugurada gestión de gobierno, e instruye que no se cuelgue en ninguna repartición pública su efigie y menos se coloquen placas con su nombre en obras a ser inauguradas, por el simple hecho de que al  ser estas construidas con dineros de los contribuyentes, pertenecen al país y mal podrían llevar el nombre de un gobierno o de un funcionario público en particular. En su lugar, el decreto presidencial dispone que se cuelguen cuadros o símbolos de la nación.

Esta demostración de humildad y honradez públicas demuestran que el culto a la personalidad suele ser el producto de un excesivo acto de adulación de un caudillo, especialmente cuando éste se halla en funciones de jefe Estado, una mala costumbre que se manifiesta generalmente en regímenes gobernados por autócratas, con el fin de perennizarse en la historia y en el poder que detentan.

Lo curioso es que en los gobiernos que se rigen por la ideología del marxismo- leninismo, el culto a la personalidad es el veneno de su propia naturaleza pues  ésta enuncia que la doctrina, por su propio carácter, debe ser la ideología de las inmensas masas trabajadoras, con cuyas manos se transforma la sociedad capitalista en comunista. La contravención a esta norma hizo que hayan surgido monstruos como Stalin, Ceaucescu, los hermanos Castro y otros, que en apenas setenta años dieron al trasto con la teoría y la práctica del paraíso socialista. Sin embargo, no escapan de este vicio los “iluminados” como Chávez, Maduro, los Kirchner y sus adláteres, que también en las filas de la derecha se han sentido predestinados a quedarse en el poder, per saecula saeculorum.

Sin embargo, lo inédito en esta práctica del culto a la personalidad radica en una iconoclasia feroz que consiste en la destrucción de todo vestigio de honores  o símbolos de la propia cultura, por motivos políticos o religiosos que ocurren al interior de nuestra sociedad. Algo que S.E. trata de hacer con la imagen de Cristóbal Colón a quien, en un acto público tildó de “invasor” y "saqueador" y pidió el cambio de denominación de todos los sitios que lleven su nombre. Tal disparate salió a colación debido a que la comunidad indígena donde se realizó el acto se llama Argentina y, según dijo el gobernante, le explicaron que el lugar lleva ese nombre porque allí vivió un argentino. "Entonces –dijo- yo me vendré acá a vivir y a partir de ese momento no se va a llamar Argentina sino Orinoca. Mi pedido es por qué no recuperar un nombre originario".

De prosperar esa original sugerencia, tendríamos que lamentar que Colombia (Llamada así por Colón) pase a llamarse Comandante Tiro Fijo o algo por el estilo, así como sucedió con el aeropuerto de Oruro y su controversial cambio de nombre, como muestra de un claro culto al ego.

Acerca del autor:
Alvaro--Riveros-Tejada
Alvaro Riveros Tejada
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