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Editorial
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Normas de edificación y medio ambiente
Miércoles,  16 de Abril, 2014

D e acuerdo al Artículo Tercero de la Ley 482 de Gobiernos autónomos municipales, de enero de 2014, las alcaldías tienen atribuciones para determinar patrones de asentamiento, normas de edificación, urbanización y fraccionamiento en las áreas urbanas o rurales de su competencia.

En esa línea, es posible esperar que alguno de los municipios del país elabore una política de urbanización que tenga que ver con edificaciones ambientalmente adecuadas, con espacios verdes que proporcionen recreación, faciliten el deporte, los buenos hábitos como el ahorro energético, y, entre otras cosas, esté relacionada con edificios que no sean un ruido visual y ambiental.
Hace ya algún tiempo me preocupé en esta columna por referir la importancia de contar con políticas urbanas que faciliten, por ejemplo, la circulación fluida de las personas, las movilidades, y, también, permitan adecuadas posibilidades de interacción y comunicación entre quienes habitan las ciudades contemporáneas en tanto su propia dinámica no facilita precisamente el contacto.

Esta preocupación, en realidad, derivaba de un aporte de la Unesco que, en su búsqueda de establecer ciudades adecuadamente comunicadas, hablaba de un mundo cada vez más proclive a perder el contacto personalizado, en pleno auge de edificaciones portentosas que dificultarían que las personas puedan mirarse e incluso tocarse en sitios públicos como plazas y plazuelas, cada vez más escasas y donde la gente debería  trabar relaciones importantes, de manera cotidiana.
Pero, volviendo al tema de los edificios que se convierten en un ruido visual y ambiental, por falta de una adecuada normativa municipal y más allá de que no hay, ni podría haber, una definición universal y absoluta sobre lo bello o lo feo; habrá que convenir que van apareciendo edificaciones que producen verdadero “arrebato”, entre otras cosas, por su falta evidente de proporciones y yo diría de  objetivos.

¿Qué pretende ser un edificio? Un espacio ciertamente habitable, con buena iluminación natural para evitar, por ejemplo, un consumo innecesario de luz eléctrica en el día; coherencia en el diseño arquitectónico, es decir, que guarde relación con reglas universales de arquitectura, diseño y contexto, sin que ello limite la imaginación y creatividad artística, pero, la imaginación por supuesto que tampoco tiene que ser pasaporte para construcciones carentes de objetivo y proporciones, como algunos edificios que se observan en algunas calles y avenidas de Santa Cruz.

A partir de esta nueva Ley, las alcaldías tienen atribuciones concretas y es de esperar que ello implique también la aprobación de determinaciones de tipo estilístico, arquitectónico, estético y hasta medioambiental y, al mismo tiempo, reduzcan la burocracia y la retardación exagerada en la aprobación de trámites que tienen que ver con la construcción de edificaciones en el ámbito urbano y rural.

Es más, pienso que ameritaría un debate, en el corto plazo, para conocer cómo es que las alcaldías han decidido poner en práctica la Ley 482 y las atribuciones que le confiere esta en materia de determinación de patrones de asentamiento, normas de edificación, urbanización y fraccionamiento. ¿Será posible?

Acerca del autor:
Vesna-Marinkovic-U.-
Vesna Marinkovic U.
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