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Editorial
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Necesidad de consenso
Sábado,  19  de Enero, 2013

En los últimos días se ha elevado el tono de los trabajadores sindicalizados exigiendo al Gobierno mayor incremento salarial y un nuevo salario básico acorde con el creciente costo de vida. Por su parte los empresarios nacionales, a través de sus representantes, han hecho conocer su postura sobre el asunto, apelando a los datos de la inflación proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). La inflación, según esta entidad, no supera el 4,54 por ciento. Por tanto, los empresarios consideran que esta cifra se debe tomar como referencia obligada para el próximo incremento salarial. Ante tales criterios contrapuestos, todo indica que se adviene una áspera etapa de conflictos.
 
Se ha olvidado con mucha facilidad que entre empresarios, trabajadores y Gobierno se había acordado en un momento álgido del año pasado, realizar una reunión tripartita permanente, justamente para encarar en el marco del diálogo democrático puntos de mutua conveniencia que deben resolverse necesariamente por consenso. Este acuerdo, que se había valorado como corresponde porque se sostenía en las exigencias de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que insta a que las partes puedan ver la posibilidad de un incremento salarial consensuado y acordado en forma pacífica y dialogada, parece haberse dejado de lado a propósito, quizás por intereses subalternos.
 
En todo caso, corresponde señalar que la dirigencia de la Central Obrera de Bolivia (COB) ha propuesto públicamente incrementos salariales que van del 15 al 30 por ciento, mientras que el salario mínimo nacional lo han situado en el nivel de los 1.500 bolivianos para encarar el costo de la canasta familiar. Los trabajadores asalariados del país tienen todo el derecho de exigir mayores salarios por su trabajo. Sin embargo, deben ajustarse a la realidad del país y del propio empresariado. Conviene ponderar la advertencia empresarial del riesgo de los trabajadores de perder sus fuentes de trabajo por inestabilidad de las empresas al no poder hacer frente a un fuerte incremento salarial
 
El sentido común indica que resulta imperiosa la necesidad de que los trabajadores, empresarios y Gobierno se reúnan con los mejores propósitos y cuanto antes, alrededor de una mesa de negociaciones. Por una parte para escuchar de boca propia la realidad de los trabajadores y para conocer la variopinta situación del sector empresarial. Sin duda, el Gobierno también podrá exponer sus limitaciones presupuestales y sus ofertas más optimistas. No se trata de imponer las posturas más recalcitrantes y tampoco de importunar a la ciudadanía con marchas violentas y presiones añadidas. Es hora de asumir la cultura del diálogo, para que en conjunto se puedan abordar las soluciones.
 
Conviene hacerse a la idea que las negociaciones sobre incremento salarial y el salario mínimo nacional pueden ser extenuantes y prolongadas. Pero lo positivo de una negociación con espíritu abierto y tendiente al consenso es que todos salen beneficiados. Primero porque se acomodan los intereses sectoriales al interés del país, que requiere de un clima social pacífico para que el desarrollo de las múltiples actividades no quede trunco a cada momento. Por otra parte, la negociación para el consenso con apoyo gubernamental, predisponen un acercamiento de empresarios y trabajadores de modo que los haga ver como socios en la actual coyuntura, apuntalando el desarrollo del país.

Las negociaciones para el consenso con apoyo gubernamental, predisponen un acercamiento de empresarios y trabajadores de modo que los haga ver como socios, en la actual coyuntura, apuntalando el desarrollo del país.