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Editorial
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Necesidad y esperanza
Sábado,  22  de Diciembre, 2012

El reciente indulto presidencial que beneficia a un importante porcentaje de los reos del país, ha sido recibido con satisfacción por la población carcelaria, la opinión pública y varios sectores de la ciudadanía. De hecho, la medida resulta práctica y hasta oportuna porque nace, en primer lugar, de la imperiosa necesidad de solucionar en parte la falta de justicia que sofoca a las miles de personas que hacinan las penitenciarías. Por otra parte, porque constituye una señal, pequeña pero alentadora, de que es posible iniciar un auténtico proceso de descongestionamiento de las cárceles del país. Esta señal deviene en esperanza para miles de detenidos preventivamente y que sufren una cruel injusticia.

De acuerdo al alcance del indulto presidencial, también serán beneficiados los que han purgado parte de su condena y aquellos que tienen penas menores de diez años. Lo interesante es que se incluyen los reos mayores y los que acusan ciertas discapacidades, sin olvidar que los sentenciados por delitos de narcotráfico expresados en penas leves, también podrán salir libres. Aún así, y considerando que la injusticia planea por las penitenciarías del país, la Iglesia ha pedido públicamente que el indulto sea más amplio e incluyente. Y no le falta razón. Pero todo parece indicar que el indulto no irá más allá que lo expresado en el texto del decreto presidencial enviado a la Asamblea Legislativa.

El decreto presidencial 1445 señala a letra muerta que los reos privados de libertad con sentencia ejecutoriada y detención preventiva pueden ser liberados, previo juicio abreviado. Para ello, deben cumplir requisitos como no ser reincidentes en la comisión de delitos, no haber sido encarcelados por corrupción, contrabando, violación o asesinato y no haber sido condenados a penas mayores de diez años en caso de narcotráfico. Desde esta perspectiva, la medida resulta práctica porque gran porcentaje de los reos de las cárceles del país queda incluido en el indulto. De manera adicional, los reos que tienen a sus hijos en los recintos penitenciarios también serán beneficiados.

El indulto también deviene en una esperanza auténtica especialmente para los detenidos preventivamente, en el entendido que ellos no se han beneficiado del tratamiento justo en el trámite de sus supuestos delitos. En este punto crucial se erige uno de los mayores desafíos que debe encarar el Gobierno, puesto que es de dominio público la crisis que sacude a la Justicia del país con el asunto de los extorsionadores.  Lo suyo es poner orden en la administración de justicia y tratar de recuperar la confianza perdida por la ciudadanía en este punto. Lo del indulto ayudará a descongestionar las penitenciarías a la brevedad, si le creemos al Gobierno, pero conviene saber que no todo será tan simple.

Es más, quizás hayan más protestas de las esperadas sobre la consolidación de la medida que tiene en sus manos la Asamblea Legislativa Plurinacional. Que el indulto sea decreto presidencial y luego una ley, daría oportunidad a que los beneficiados reflexionen sobre su vida y decidan cambiarla de una vez para bien. Ello, constituye, además, una labor social a cargo del Estado con proyección rehabilitadora. Pero lo más importante, en estos momentos, es que el indulto tenga la virtud de traer paz a los hogares largamente golpeados por la fatalidad y la injusticia. En este punto, se trata de pasar del verbo a la acción, para que el proceso iniciado sea un verdadero paso adelante.

Lo importante es que el indulto tenga la virtud de traer paz a los hogares largamente golpeados por la fatalidad y la injusticia. Se trata de pasar del verbo a la acción, para que el proceso iniciado sea un verdadero paso adelante.