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Editorial
¿Importa el voto?
Sábado,  2  de Diciembre, 2017

Ahora que muchos coinciden que el país ha ingresado de golpe en una dictadura. Ahora que por primera vez en 37 años se ha desconocido una decisión soberana del pueblo en un acto eleccionario. Ahora que la constitución ha sido reducida a un simple papel desechable, muchos se preguntan si votar en las elecciones judiciales puede contar para cambiar las cosas, para ayudarle al país a evitar una hecatombe como la que está viviendo Venezuela.

La respuesta es contundente, porque nunca antes había sido tan importante la participación del ciudadano en un acto eleccionario. Nunca había sido tan vital que esta concurrencia sea militante a favor de las leyes, de la Carta Magna, de la democracia y de la vigencia del estado de derecho. Nunca antes se había votado por tantas cosas a la vez. Nunca antes el futuro del país había estado en manos de un voto.

Este domingo tal vez sea la última vez que los bolivianos tengamos la oportunidad de votar antes del 2019. Este régimen, que se encumbró a través de la denominada “democracia plebiscitaria”, con decenas de actos eleccionarios en algo más de una década, ahora le teme al voto, le huye y tratará de eludirlo y desconocerlo a toda costa. El mejor antídoto para aquello es justamente la defensa férrea del único mecanismo que todavía le da valor a nuestra democracia, que le da sentido y que puede ayudar a recuperarla.

Este domingo no bastará con ir a votar temprano y disciplinadamente. Cada ciudadano deberá convertirse en un veedor, en un celoso guardián de la transparencia, en un celoso vigilante de las normas. La ley ampara a quien es capaz de actuar frente a un delito flagrante. No hay aparato político que sea capaz de enfrentarse a un pueblo comprometido, que no quiere el retorno a los tiempos de la impostura, de la violencia y las armas. Precisamente la mejor herramienta para mantener la paz es el voto, es la que está más a mano de todos, en cada rincón del territorio nacional.

Casi todas las dictaduras buscan el apoyo popular antes de fusilar y reprimir. Y no importa si ese “amor” es una mentira inventada a través del fraude y de la manipulación. El mejor aliado de los que patean urnas y cuentan los votos a su favor es la indiferencia de la gente, ese temor a que nada puede cambiar, la desidia de quien siente que no puede hacer nada contra los abusivos. No votar, ausentarse y esconder la cabeza en la tierra como el avestruz no hará más que contribuir a empeorar las cosas, a prolongar la vigencia de dictaduras como la cubana, donde existe el voto y por eso mismo los tiranos insisten que se trata de una democracia.

Estamos frente a un intento avezado por consolidar una autocracia en Bolivia. Pero que nadie se resigne y se convenza de que este es nuestro destino y que se trata de algo irreversible. El mayor consenso logrado por los bolivianos desde 1825 es el de vivir en libertad y en democracia. Nadie se puede arrogar el derecho de romper ese porvenir y de llevar al país por la senda de la tiranía.

Este domingo no bastará con ir a votar temprano y disciplinadamente. Cada ciudadano deberá convertirse en un veedor, en un celoso guardián de la transparencia, en un celoso vigilante de las normas.

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