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60 a?os de obra en Santa Cruz
Ancilla Beretta
Viernes,  2 de Octubre, 2009
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La delegación de las Hermanas Franciscanas Angelinas llegó a San José de Chiquitos hace seis décadas. Madre Ancilla fue parte de esa primera comitiva que trajo evangelización y trabajo en educación y salud.


Ancilla Beretta o Madre Ancilla (Anchila) como se la conoce, representa la obra de la congregación italiana de las Hermanas Franciscanas Angelinas en Santa Cruz, Bolivia (1949-2009), donde llegaron hace 60 años y donde desarrollaron su obra pastoral, así como educativa y en salud.
Madre Ancilla es la única religiosa que queda del grupo que originalmente llegó a San José de Chiquitos para seguir los pasos de los misioneros que antiguamente poblaron la región. Ella rememora esos tiempos en esta entrevista, así como habla de su vida en la docencia a la cabeza del colegio Uboldi, y de su actualidad en el disfrute del descanso con múltiples misiones cumplidas.

¿Por qué su congregación, Franciscanas Angelinas, optó por venir a Bolivia?
Puedo decir y certificar con documentos que no hemos venido, sino fuimos llamadas por el presidente de entonces Enrique Herzog, como educadoras. Al inicio del año escolar de 1949 llegamos ocho hermanas. Algunas murieron aquí como Madre Vicenta Uboldi, otras volvieron a Italia después de una cierta edad. En cambio yo quiero dejar mis huesos en Bolivia.

¿Qué encontraron al llegar?
Nosotros fuimos destinadas a la escuela fiscal de Guarayos. A último momento nos cambiaron a San José de Chiquitos. En Guarayos ya habían preparado la casita para las madres. En San José seguramente hemos botado al párroco, un padre alemán, de su casa para instalarnos las madres. Los padres se fueron a vivir al lugar en el que aquel tiempo era depósito donde ponían los muertos antes de enterrarlos. Actualmente existe este lugar, pero ya no como tal. Dormíamos en camas que dejaron los soldaditos y en hamacas. Quedamos encantadas con San José. Nos preguntaban qué diferencia hay entre los chicos de Bolivia con los de Italia. Nosotros les decíamos que no había diferencias, sino tener la constancia de enseñar a los chicos para que sean gente de bien.

¿Cómo fue su relación con la gente?
Después de tantos años que yo ya había dejado San José de Chiquitos, hace tres años me mandaron la medalla de oro. Nuestras hermanas están allá todavía, ya no son italianas, son bolivianas y continúa el colegio que comenzamos en 1949.

¿Les costó comenzar su obra?
No le puedo decir, porque como vinimos con tanto, tanto entusiasmo todo el trabajo nos parecía poco. No veníamos con el ánimo de aguantar, sino a hacerlo con mucha voluntad. Yo estuve 17 años en Chiquitos, después comenzamos en Santa Cruz. Un día, no recuerdo la fecha, pasó por San José, el presidente Urriolagoitia, nos había visto cómo trabajábamos en el colegio y nos preguntó por qué no llegábamos a Santa Cruz. A partir de ahí comenzamos a pensar en eso, pero no teníamos ni un centavo para poner la casa en la ciudad. Cuando murió la madre Vicenta Uboldi en un accidente del Lloyd, recibimos una indemnización de cinco mil dólares, que ahora parecerían nada, pero para nosotros significaron mucho. Con ese dinero comenzamos a comprar material. No estábamos aquí, en Santa Cruz, comprábamos un poquito de ladrillo, lo poníamos en el terreno que nos regaló la señora Aideé de Subirana, pero cuando regresábamos ya los ladrillos no estaban (risas). Así comenzamos a construir el colegio Uboldi. Nos sentíamos felices de realizar esto en esta tierra. Al final fue uno de los primeros colegios particulares, de modo que la gente mandó a sus hijos con nosotros. Muchas actuales personalidades en muchos campos son ex alumnos. Comenzamos con tres cursos, primero, segundo y tercero y hemos ido adelante. Los cinco mil dólares sirvieron para comenzar. Compramos más terreno del que nos regalaron. Luego, fui a Italia, visité a los amigos y casa por casa recibí apoyo para hacer una escuela. No pensamos en un colegio, parecía por demás, pero finalmente cumplimos la necesidad que tenía Santa Cruz en ese momento.

la obra se expandió
A partir del colegio Uboldi, la obra de las hermanas Franciscanas Angelinas, creció. “Vino un determinado momento en que debíamos prestar el colegio a uno fiscal. Pensamos en la dificultad de la gente para trasladarse. Fue entonces que pensamos en hacer otro colegio y comenzamos con el colegio San Martín en el barrio 4 de Noviembre. Ahora San Martín tiene más alumnos que el colegio Uboldi. Tiene más de tres mil alumnos. Maestras y padres de familia Uboldi ayudaron para hacer la nueva obra”, cuenta Sor Ancilla. Además de ese emprendimiento nació otro en el Plan 3000. “La iglesia fue la primera en llegar ahí después de la inundación de 1983 con religiosos y religiosas de varias congregaciones”, recuerda. El fomento de la vocación cruceña en un convento, así como el Conservatorio Uboldi y la carrera de Psicopedagogía avalada por la Universidad Católica son otros aportes gestados por Madre Ancilla e impulsados permanentemente por las ya numerosas religiosas Franciscanas Angelinas que pasaron y/o permanecen en Santa Cruz.

¿Qué motivación tuvo la congregación para cumplir su obra?
Vinimos para trabajar en educación porque la gente sin educación no vale. La educación es lo máximo que se puede dar a una persona. De las ocho religiosas que llegamos, quedamos cinco en el colegio y tres fueron a trabajar en salud. Todo, incluso el trabajo manual, es educación. Educación en la Iglesia, en la calle, educación es saber recibir a la gente, no es sólo saber leer y escribir. A veces escucho que no hay que dar trabajo a los niños. ¡No!, no digo darles un trabajo pesado, pero a una responsabilidad en la casa debe habituarse el chico. Ayudar, ser atento con su familia... es un modo de que cuando sea grande ame su trabajo y el trabajo es la fuerza mayor.

¿Qué objetivo y cosecha personal considera que ha hecho en la labor educativa?
Me parece que hemos hecho demasiado buenos a los chicos. Debían haber sido un poco más aguerrido. Mi objetivo fue formar gente de bien que ame la vida y su tierra. Quienes se van del país deben recordar que son bolivianos. Los bolivianos deben sentir orgullo de lucir una camisa de industria nacional. Yo uso zapatos Manaco porque duran mucho y porque debemos dar herramientas de trabajo a otras personas.

¿Qué responsabilidad tiene la familia en la educación de los hijos?
La familia es el centro de la educación. La formación de los padres para serlo es muy importante. Lo más importante es la presencia de los padres en la vida del chico. Tiene que hacer momentos para dialogar con el niño, de sentir sus intereses y hacerle ver lo que es bueno o menos bueno. Acompañarlos a los jóvenes dándoles un estilo de vida. No dejarlos que se vayan por la noche sin saber cuándo regresarán. Eso no es educación.

¿Qué valores tiene la docencia?
Comenzamos la carrera de Psicopedagogía para que los maestros tengan educación permanente, esto es válido también para los padres, es decir, aprender más. Porque los chicos cada día son más despiertos influenciados por la comunicación, por eso hay que acompañarlos y hacerles ver que pueden usar la tecnología en la bondad. Dicen que hay mucha pornografía y eso no es bueno. A los chicos cuando nacen no les damos un bistec. Así que la educación de ellos debe avanzar poco a poco, lo conveniente. No tienen por qué saber tan temprano todo lo que saben la mamá y el papá.

actualidad
Madre Ancilla ahora permanece en la casa de la congregación. “A veces los alumnos se escapan a verme”, cuenta con una amplia sonrisa. Asiste cada domingo a misa de 11.00 en Don Bosco. Lee mucho, leyó recién la historia de Chiquitos, la historia del Che Guevara y actualmente lee a Albert Eistein. Le gusta estar informada y le preocupa mucho la realidad boliviana actual sobre la que opina elocuente y con esperanza.

una decepción
Aún con esa entrega a Santa Cruz, aún con su su opción de vida y trabajo por Bolivia y su sentimiento de una cruceña más, Madre Ancilla no podrá emitir su voto en las próximas elecciones de diciembre. En una notaría le informaron que no podrá hacerlo por su calidad de extrajera, pese a los 60 años que vive aquí, contradictoriamente, a pesar de que votó en todas elecciones municipales y generales pasadas. “Esto no me agradó cuando fui a inscribirme y dijeron que no podía”, dice entristecida. 

festejos de la congregación
El jueves 1 de octubre tendrá lugar la celebración del centenario de la muerte de la fundadora de la congregación Franciscanas Angelinas, Madre Clara Ricci. El 18 de octubre, una misa celebrada por el cardenal Julio Terrazas cerrará el jubileo anual por los 125 años de existencia de la congregación en el mundo y los 60 años en Bolivia. Madre Ancilla destaca que de todo este tiempo hay que valorar que en Santa Cruz se despertaron muchas vocaciones religiosas nativas. Numerosas hermanas Franciscanas Angelinas cruceñas trabajan actualmente no sólo en Santa Cruz, sino en ciudades de Argentina (Buenos Aires, Rosario y Corrientes), Brasil, Italia y África. Todas se dedican a la educación, la salud en postas sanitarias y el trabajo pastoral en parroquias o en barrios, cerca a la gente.

‘La gente sin educación no vale. La educación es lo máximo que se puede dar a una persona’

 

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