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Editorial
Las otras injerencias
Domingo,  14 de Abril, 2019
Las-otras-injerencias

El Gobierno boliviano puede afirmar que está en contra de la injerencia de Estados Unidos, pero no puede negar que acepta y promueve la intromisión de otros países en el nuestro y en ciertas naciones que prácticamente se han convertido en satélites de potencias extranjeras, pese a la constante prédica de la liberación, el nacionalismo y la soberanía.

Hace unos días, el presidente Morales visitó Turquía, gobernada por un autócrata de la peor calaña que reprime y tortura a los opositores y que se ha convertido en uno de los principales soportes del dictador venezolano Nicolás Maduro. El encuentro con Recep Tayyip Erdogan, con quien habló de telenovelas, no tenía otro fin más que ponerse en evidencia, hacerse visible en un momento crítico y alinearse en el mismo bloque que integran Rusia, China e Irán, países que han estado gravitando con fuerza en América Latina, alentados por los regímenes populistas que les han comprado armas y que han rifado sus recursos naturales y las economías nacionales a extremos sólo comparables con el sistema colonialista anterior a los procesos de Independencia.

Las deudas que han acumulado Ecuador y Venezuela con China llegaron a un punto tan riesgoso que hay quienes aseguran que la producción petrolera de ambas naciones permanecerá embargada por años y que la otrora poderosa Pdvsa, principal fuente de ingresos de los venezolanos, prácticamente les pertenece a los chinos y a los rusos y que el interés real de ambos cuando apoyan a Maduro es convertir a la tierra Simón Bolívar en un protectorado. Bolivia no puede estar tan lejos de esa situación luego de haber entregado a los chinos una inmensa cantidad de contratos millonarios y proyectos estratégicos. 

No podemos dejar de mencionar aquí la injerencia de Cuba sobre los países mencionados, especialmente en Venezuela, donde los servicios de inteligencia y los altos mandos del comunismo castrista tienen tomado el sistema político chavista. Son los que toman las principales decisiones y los que están conduciendo el macabro plan de perpetuación de la narcodictadura. 

A lo mejor nuestros “liberadores” y “revolucionarios” creen que el sometimiento a otras fuerzas imperiales que intentan socavar el poder a Estados Unidos, será más beneficioso para el país. Eso ni siquiera habría que intentarlo, pues cambiar de dueño no es algo positivo para nadie y menos en las condiciones en las que están fraguando nuestros gobernantes esta atadura al “nuevo orden” que no es otra cosa que convertirse en el peón de las movidas geopolíticas rusas y chinas.

En otras palabras, si alguien cree que el camino actual nos llevará a convertirnos en Corea del Sur, Panamá, Alemania o la actual Vietnam, países que fueron invadidos por Estados Unidos, están muy equivocados. Lo más probable es que vamos por el camino de Afganistán, una nación que estuvo por décadas bajo el control de los rusos.

Nuestros “liberadores” y “revolucionarios” creen que el sometimiento a otras fuerzas imperiales que intentan socavar el poder a Estados Unidos, será más beneficioso. Cambiar de dueño no es algo positivo para nadie y menos en las condiciones en las que están fraguando nuestros gobernantes esta atadura al “nuevo orden” que no es otra cosa que convertirse en el peón de las movidas geopolíticas rusas y chinas.