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Piraí: una pausa para reflexionar
Lunes,  19 de Junio, 2017

Una primera evaluación de la pausa ecológica decretada hace ocho meses por el municipio de La Guardia, arroja importantes y puntuales conclusiones. Por una parte, se ha logrado frenar la deforestación irresponsable que se estaba dando en la zona, cuyos efectos perniciosos sobre el medio ambiente del municipio han causado una justificada y profunda preocupación. Ha quedado claro, también, que la explotación de áridos del lecho del río Piraí sigue siendo la actividad más difícil de regular, y el punto más conflictivo del problema. La lectura del informe sobre la pausa muestra la necesidad de prolongarla lo más que se pueda, en tanto se resuelve la regularización de los dragueros.
 
Resulta sensato asumir que los alentadores avances de la reforestación deben consolidarse dentro de un plazo más amplio, porque los árboles todavía no han alcanzado el tamaño que asegure su sobrevivencia. En ese contexto, la pausa se muestra como una medida positiva que conviene mantenerla. La otra cara de la medalla la ha mostrado el Servicio de Encauzamiento de Aguas y Regularización del Río Piraí (Searpi), al exponer serias observaciones a la explotación de los áridos. Sin duda, hace falta una labor más diligente y dedicada hacia esta actividad por parte de las autoridades ediles. Lograr la explotación sostenible de los áridos del río viene a ser un tremendo reto.
 
Conviene, por ello, extender los planes de reforestación prolongando la pausa ecológica. Si no aparecen imprevistos, esta tarea resultará beneficiosa para mejorar el medio ambiente del municipio La Guardia, y por consecuencia lógica, para los municipios aledaños, incluyendo el de la capital. Los dragueros son y serán un problema. Por una parte, porque lo suyo descansa en una actividad extractiva marcada por el afán de ganar más y más dinero, lo que supone dejar de lado la conciencia ecológica y el enfoque de la sostenibilidad del río Piraí. Si se mira bien, la regularización de los dragueros no garantiza la sostenibilidad. Por el contrario, persiste la tendencia hacia el desequilibrio.
 
Una muestra de esta afirmación constituye la explotación de los áridos en la zona de influencia del municipio de Porongo, donde el descontrol es evidente. Esto significa que la actividad de los dragueros requiere de un estricto control y supervisión que los municipios están lejos de ejercer por razones de logística y recursos disponibles. Los representantes de la Cámara de Extracción de Áridos han señalado que se están poniendo trabas a la regularización de los dragueros. Mientras, legales e ilegales tratan de continuar la actividad extractiva a la sombra de la impunidad y la falta de control efectivo. En otras palabras, la extracción de áridos sigue siendo una amenaza ambiental.
 
De esta manera, la pausa ecológica obliga a reflexionar. La reflexión se torna profunda cuando se valora la prohibición de la deforestación y la suspensión de la explotación de los áridos del lecho del río Piraí. Lo positivo y lo negativo ha salido a la luz, ofreciendo un panorama esclarecedor. La medida adoptada por el municipio de La Guardia obliga a tomarla como un referente para medidas similares en favor del medio ambiente y de la propia protección y conservación de la naturaleza en el suelo cruceño. Desde esas conclusiones, las acciones humanas positivas prevalecen por sí solas, mientras que las negativas obligan a grandes y, con frecuencia, estériles esfuerzos para contrarrestarlas.

La medida adoptada por el municipio de La Guardia obliga a tomarla como un referente para medidas similares en favor del medio ambiente y de la propia protección y conservación de la naturaleza en el suelo cruceño.