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Caos planificado
Jueves,  28 de Mayo, 2015

La situación económica boliviana es un caso muy peculiar. Tenemos un gobierno socialista que maneja nuestra economía hace más de 10 años, sin embargo aún tenemos mercado (libre oferta y demanda) y al parecer el gobierno no tiene ni la más remota intención de eliminarlo. Esto nos deja algo confusos; mucha gente piensa que en el futuro nos depara una economía como la cubana, como la Rusa o la Norcoreana, mientras otro gran grupo de personas todavía cree que este gobierno nos encamina hacia una economía prospera, sobresaliente y libre, pero sin capitalismo...  Lo cual me parece utópico y contradictorio, pero bonito para el discurso.

Entonces ¿Qué clase de economía tenemos? ¿Hacia dónde vamos?

Ludwig von Mises, fundador de la Escuela Austriaca de economía y a mi criterio uno de los intelectuales más grandes del siglo pasado describe en su libro “Caos Planificado” dos modelos de socialismo.

El modelo Nro 1 es el modelo marxista o ruso y es completamente burocrático. En este modelo todas las empresas se convierten en departamentos del gobierno, la nación entera forma un solo ejército de trabajadores bajo servicio obligatorio, cuyo comandante es el jefe de estado. Este es el modelo que adoptó Cuba por ejemplo y que gracias al tiempo transcurrido aunque lamentablemente en detrimento de los cubanos ya conocemos el resultado.

El segundo modelo socialista del que habla Mises es el modelo alemán y difiere del primero en que este conserva la propiedad privada de los medios de producción en todos los casos que no son estratégicos para el estado. Este modelo simula un mercado en el que las personas sienten libertad de intercambiar y los llamados ‘empresarios’ pueden comprar y vender, pagar a sus trabajadores, contraer deudas y cubrir intereses y amortizaciones. No obstante estos ya no son empresarios reales, en la Alemania Nazi se les llamada Directores de Taller (Betriebs-Führer) y el gobierno indica a estos aparentes empresarios que deben producir y como, a qué precios y de quién deben comprar, a qué precios y a quién deben vender. El gobierno decreta los salarios que deben percibir los trabajadores y a quién deben confiar sus fondos los capitalistas y en qué condiciones y por último el gobierno fija todas las tasas bancarias, controlando así también el ahorro y la inversión.

De esta forma el intercambio en el mercado se convierte en un mero simulacro, en otras palabras es un socialismo con fachada de capitalismo en el que además se planta en la sociedad una semilla de odio de que todo lo malo proviene de lo que queda de capitalismo, cuando en realidad lo que existe en la coyuntura se llama mercantilismo y va casado perfectamente con este modelo socialista alemán.

Claro que esto no sucede de a poco, los empresarios no son tan idiotas como desearía el gobierno. Por ello es que se utilizan siempre las camufladas políticas públicas y económicas. Salarios mínimos, doble aguinaldo, regulaciones de precio, cuotas de importación y de exportación, aranceles, impuestos, intervencionismo y proteccionismo; son todas políticas que asume el estado para manejar a los empresarios como si fueran títeres. Al menos Hitler pactaba con ellos y les decía como iba a operar para simular un mercado. En Bolivia, en Venezuela (que es el pionero en retomar este modelo), en Ecuador, En Argentina y en muchos otros, los gobernantes simplemente construyen este caos planificado de la economía para controlarlo todo, dejando de lado los intereses de las personas y de los empresarios que son los más afectados a largo plazo, pues son utilizados y desechados a conveniencia del estado.

El futuro de nos depara no es una Cuba, ni un Estado Unidos, ni mucho menos una Holanda. El futuro que nos depara es incierto, es la crisis, la barbarie, el hambre, la desesperación, el crimen y el caos.