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Las respuestas de Susana
El arte de la política
Domingo,  5 de Abril, 2015

1. ¿Cuál es su lectura de las elecciones del pasado domingo?

Solo los regímenes dictatoriales y autocráticos creen que las sociedades a las que sojuzgan terminan acostumbrándose a los abusos y menosprecios de la calidad democrática y ciudadana. Por eso gran parte de la sociedad boliviana le dijo “basta” a los centralistas antidemocráticos del Movimiento Al Socialismo (MAS), a pesar de los inagotables recursos que gastaron en propaganda política;  de que el jefe del régimen Evo Morales hizo campaña con sus candidatos violando toda norma, del chantaje que lanzó a la oposición y a la ciudadanía: “No trabajaremos  con opositores que ganen en las próximas elecciones” (29 de marzo pasado) donde se elegirían 9 gobernadores y 329 alcaldes. La amenaza la han vuelto a repetir algunos hombres del partido de gobierno con una frase digna de dictadores folklóricos y populistas: “la música la pone el MAS, y todos bailarán  a ese ritmo”.  El voto rechazo de los electores descalifica también al Órgano Electoral que, como el Poder Judicial, ha sido instrumento del poder político que se creyó absoluto e invencible, al punto de impedir que 228 candidatos en Beni, no pudieran ejercer  su derecho a ser elegidos: fueron inhabilitados a solo 9 días de las elecciones, sin tiempo de sacar sus fotos de las papeletas electorales. También pesó la corrupción en todo los niveles de gobierno,  que como peste no ha dejado resquicio, hasta meter “la mano en la  lata” de los recursos que correspondían a los pobres de los pobres: el Fondo Indígena. Como dice el refrán: “tanto va el cántaro al agua que al final se rompe”.

2. ¿Es el principio de la caída del proceso de cambio, como ven algunos?

El  cántaro no se ha roto del todo. Pero el voto que obtuvo el régimen en la elecciones de octubre pasado -60 %- se ha resquebrajado porque despreció las particularidades de las elecciones departamentales y municipales, en las que pesan más los liderazgos  regionales y locales que los nacionales. El domingo pasado, la figura del caudillo no bastó para ganar en La Paz, por ejemplo, su antes bastión inexpugnable,  donde perdió la gobernación, la alcaldía de la capital y sede del gobierno y la ciudad de El Alto. Ahí ganó una joven de ascendencia aymara con 34 años, sencilla, sensible y carismática, con una limpia trayectoria  política en su ciudad y en su partido, y un discurso inclusivo sin poses populistas ni radicales. El gobierno tampoco ganó en Beni,  a pasar del golpe de Estado  a esa democracia departamental, donde habrá segunda pese al boicot que hicieron en la revisión de las actas del Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure, el ya conocido TIPNIS, cuya población fue objeto de feroz represión el año 2011. Allí,  de 11 poblaciones, 7 ganó la oposición excluida de la papeleta, pero con nuevo candidato sin foto,  y solo 4 el oficialismo.  

La caída del régimen dependerá de conciencia política boliviana para que Bolivia encuentre su mejor cauce democrático. Las observaciones de los representantes de la OEA son lapidarias y no admiten excusas, no solo en el caso de Beni, sino también por la inconstitucionalidad de todas las medidas  del Tribunal Electoral que atentan contra la calidad de la democracia y el voto ciudadano. Hay que reafirmar que para quienes gobiernan  hoy Bolivia,  la democracia es solo un método, un procedimiento para su reproducción en el poder vía el voto, no siempre libre, sino bajo prebenda. No conciben la democracia como una condición social que  otorga libertad e igualdad políticas y jurídicas a todos los ciudadanos para dirigir el gobierno o los gobiernos de sus comunidades.

3- ¿Es el nacimiento de un bloque opositor fuerte, o simplemente son opositores dispersos y fragmentados?
En las elecciones del pasado 29 de marzo no ha habido un bloque opositor homogéneo, como el oficialista.  Han ganado  diversas agrupaciones políticas regionales que portaban aspiraciones y demandas locales, de ahí su fortaleza y su triunfo, que con distintas a la fragmentación o dispersión, como puede darse en elecciones nacionales, así  el  adversario sea un poderoso y antidemocrático centralismo, o no lo sea.  Sin embargo, el caso del Movimiento Demócrata  Social del reelecto gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas, merece atención: ganó en gran parte de los municipios cruceños, se hizo con la Alcaldía de Cochabamba, antes reducto del MAS, apoyó a otros candidatos ganadores y obliga a una segunda vuelta en Beni.  El tiempo dirá si esta incursión política  expresa una visión que va de la región al resto del país. Hay en Bolivia, hoy, nuevos y jóvenes liderazgos ganadores, como los de Tarija, La Paz,  Beni, Cochabamba, entre otros, y dependerá de su gestión política y administrativa, de su visión  regional-nacional para que se consoliden, no necesariamente en un solo bloque opositor.

4.  ¿Todo indica que vuelve el cuoteo a la política  boliviana?

El “cuoteo político”,  que sí existió y existe, es un  término  que sustituyó el concepto de pactos y alianzas políticas necesarias en democracia, es decir gobernabilidad democrática. Como pensaba  Jean-Jacques Rousseau, en el siglo XVIII, “Si no existieran intereses diferentes, casi no se notaría el interés común, y la política dejaría de ser un  arte”. Es decir,  “el arte de la política” así considerada desde los tiempos de Aristóteles, en el siglo III, antes de nuestra era.  O en palabras de un escritor contemporáneo como Fernando Mires “La política, al menos la democrática, revela su contextura en sus momentos más cruciales y no hay momento más crucial que una elección... la política siempre será lucha por el poder”. Cierto que la sustitución de pactos y alianzas, al menos en Bolivia y otros países de América Latina,  dejo de ser un  arte para convertirse en grosera repartija de espacios de poder y “pegas”. Siempre será un peligro, sobre todo en democracias débiles, sin respeto a la institucionalidad, ni a la división de poderes, ni a las diferencias políticas, como en la actual Bolivia.  No obstante, me inclino por ese peligro, que puede ser denunciado o , antes que concentración del poder como el de Morales,  que se convierte en  poder absoluto con impulsos  dictatoriales y totalitarios.

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Susana Seleme
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