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La Era de la Ingenuidad
Lunes,  1 de Agosto, 2016

Nicolás Maquiavelo es conocido por su obra “El Príncipe”, aunque curiosamente se le atribuyen máximas que nunca dijo o que jamás escribió. Un ejemplo típico es aquel pensamiento tan común en su uso que ha caído en el mundo del cliché, “el fin justifica los medios”, siendo que la misma fue formulada por Napoleón Bonaparte al revisar el príncipe durante su formación.

Una de sus obras más fascinantes y que nos ayudan a comprender su estilo de pensamiento atemporal son sus “Discursos sobre la primera década de Tito Livio”, obra en la que enfatiza sobre una clase de personas que han existido desde el principio de la historia humana, a los que podemos llamar de manera amable como “Los Ingenuos”.

La ingenuidad puede ser entendida como la falta de malicia en un sentido sencillo, pero en su complejidad es la falta de capacidad de comprender cómo funciona el mundo y quiénes lo habitan, se encuentra íntimamente relacionada con la psicología conductual en sentido de la falta de aplicación de la misma, es decir, los conductistas aseguran que una persona procurará no repetir acciones que en su experiencia le causaran algún tipo de dolor, un ingenuo es aquella persona que a pesar de la experiencia sigue incurriendo en las mismas acciones que le generan sufrimiento.

En un sentido más generoso, la ingenuidad está relacionada con la psique en su totalidad, con todos los fenómenos metafísicos internos de la mente al pensar y en el momento de actuar, en otras palabras, es la manera en que se concibe al mundo visto desde un lente filosófico que deforma la realidad, convirtiéndola en algo más alegre, una ilusión generada por las ideas.

Sin embrago, considero que vivimos en lo que George Soros conoce como los “Tiempos Inciertos”, mismos que se caracterizan por llenar de incertidumbre la mente de las personas, a lo que una respuesta típica es la ingenuidad, misma que actúa como un bálsamo que alivia nuestro pesar y nos permite eludir aquellos hechos que “atormentan” nuestra feliz existencia.

En lo que implica a la vida pública y a la política en particular, la ingenuidad es aquello que nos hace caer en las viejas trampas binarias, en las promesas vacías y en la demagogia, pasando a ser uno de los principales aliados de los movimientos “revolucionarios, populistas y autoritarios”, ya que de ella emana el comportamiento pasivo, la facilidad de cohesionar a la sociedad y la manipulación a gran escala.

Al no poder ver al mundo tal como es y buscar fantasías irrisorias que nos lleven a la “tierra prometida”, la ingenuidad nos ha llevado, en palabras de Groucho Marx, “de un solo intento y con el más mínimo esfuerzo a alcanzar las más altas cuotas de miseria”, ya que la fe ciega en los caudillos incapaces fácilmente nos lleva al desastre.

Maquiavelo considera que entre la baraja de posibilidades que existen durante nuestra vida, no podemos descartar ninguna alternativa y que de lo contrario estaríamos cayendo en la ingenuidad, podemos sintetizar esto en aquel pensamiento que de manera sarcástica afirma “piensa mal y acertarás”, en sentido de que siempre debemos tomar en cuenta todos los factores antes de tomar decisiones cruciales.

 La era de la ingenuidad puede ser comprendida como ese periodo de tiempo en la historia en el que se deja de lado la suspicacia e impera la inocencia, el triunfo de la esperanza sobre la experiencia y que facilita el ascenso al poder por parte de aquellos que se muestran como el camino que se debe seguir para triunfar en la vida.

La ingenuidad se muestra ante nosotros como un velo que cubre toda la realidad, es una decisión personal el caer o no en ella, aprender de los errores o ceder ante las fantasías, la libertad nos permite optar por el camino que mejor nos parezca en nuestra existencia.

Acerca del autor:
Christian-Andres--Gonzales-Calla-
Christian Andrés Gonzales Calla
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