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Tribuna
A sesenta años de la Revolución del 9 de abril de 1952
Lunes,  2 de Abril, 2012

Si algún mérito tuvo la revolución del 9 de abril de 1952, fue la inclusión social de  la gran mayoría indígena a la vida económica del país,  al convertirlo en dueño de las tierras por la reforma agraria y a la vida política por el voto universal. Augusto Guzmán señala que “la dotación de tierras al indígena,  elevó su  condición social de siervo a labrador libre”. El decreto de reforma agraria se firmó en el poblado de Ucureña, Cochabamba, el 2 de agosto de 1953 y se instituyó esa fecha como el “día del indio”. Hasta las elecciones de 1951, se aplicaba el voto calificado. No tenían derecho al voto ni los analfabetos ni las mujeres. En cuanto a la  educación, los indígenas ingresan masivamente a las universidades, puesto que antes de esa revolución, los indígenas generalmente se resistían a la educación de sus hijos. El Colegio de Aviación en Santa Cruz y el Colegio Militar de La Paz, se reabrieron en mayo de 1952 y diciembre de 1953 respectivamente. El decreto del gobierno establecía que a esos Institutos deberían  ingresar gente de clase media, clase obrera y campesina. El ejército de la “rosca” y de la “burguesía tradicional” quedó en el olvido.

En los primeros años de la revolución de abril,  los obreros con el co-gobierno COB-MNR, asumieron un rol  de “control social”. Se crearon milicias armadas, se designaron ministros obreros. En el Parlamento se conformó una bancada campesina y se creó la cédula militar del partido gobernante.  Se presionó para imponer  la nacionalización de las minas, la misma que se concreta el 31 de octubre de 1952,  cuyos dueños eran los grandes “barones del estaño”, Patiño, Hochschild y Aramayo. Se afirma que el gobierno boliviano pagó 22 millones de dólares de  indemnización a dichas empresas hasta 1961 y lo peor de todo, se nacionalizó cuando el estaño ya estaba casi agotado.

Otra historia es el efecto que tuvo  esa efervescencia revolucionaria, cuyas medidas estaban lejos de una planificación económica, lo importante era el inmediato resultado político. Mariano Baptista Gumucio, joven revolucionario durante los sucesos del 9 de abril del '52, en su libro “Historia Contemporánea de Bolivia- 1930- 1976”, publicado en 1976, nos ilustra sobre el grado al que llegó la insostenible  situación económica del gobierno movimientista, que “en abril del '52 la paridad vigente fue de 60 bolivianos por dólar, que subsistió  hasta marzo de 1953, en que hubo un nuevo cambio oficial de 190 bolivianos por dólar. De esa fecha, hasta 1957, el precio del dólar subió en el mercado libre de 250 bolivianos a más de 8.500 por dólar. Las reservas de oro y divisas disminuyeron en más de 31 millones de dólares”. Y Noel Pierre Lenoir, citado en el mencionado libro, dice “Todo faltaba desde la carne al jabón, muchos autos no andaban, muchos ascensores estaban parados, por falta de piezas de repuesto. Había que comprar en el mercado negro las mercaderías más elementales como la leche en polvo, los cigarrillos, los fósforos”. Ni para que hablar,  de la  despiadada represión política de dicho régimen, con campos de concentración, milicianos  armados en las calles, allanamientos a las casas  y exilio a los opositores.

Como siempre sucede el tiempo y la historia se encargó de hacernos olvidar de esa grave situación económica y de la represión que como política de Estado  fue impuesta por el régimen de entonces. Lo que también se ha olvidado de esa revolución,  es la inclusión social  de las personas  más desprotegidas de este país, es decir los indígenas, quienes hoy son ciudadanos con todos sus derechos y obligaciones.

Acerca del autor:
Roberto-Prudencio--Lizon
Roberto Prudencio Lizón
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