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Tribuna
Anemia democrática
Lunes,  5  de Febrero, 2018

Existe una constante histórica en el ser humano, que es luchar por el respeto a sus derechos aun en las etapas más rudimentarias de la existencia social, y, a pesar de las mentes trogloditas y abusivas de reyes y gobernantes, que han destruido el bienestar social a través de mazazos y punzadas sangrientas y destierro de su propia gente. Por eso, el siglo XXI es la era de fortalecimiento de la democracia que está fundada en el bienestar socio-económico y cultural de la población. 

El artículo 11 de la Constitución Política señala expresamente que la forma de gobierno de Bolivia es, democrática-participativa, representativa y comunitaria con equivalencia de condiciones entre mujeres y hombres. Es decir, que la dirección político-administrativa y organizacional del Estado la puede ejercer cualquier ciudadano cumpliendo con los requisitos requeridos por el Órgano Electoral Plurinacional para poder participar en cualquier elección nacional y/o departamental y, postulado por un partido político, agrupación ciudadana y pueblos indígenas originarios sin hacer distinción y desprecio por sexo o condición social. 

Sin embargo, a nuestra democracia le falta el valor ético y moral. ¿Por qué? Porque en casi todos los países le falta la exigencia ética y moral, así como control psicológico por profesionales idóneos (que formen parte de un Comité Independiente de Salud Mental) a los políticos que continuamente fluyen en la palestra pública y con sospecha clínica que padece algún trauma. Que informen públicamente de sus actuaciones, rendición de cuentas, transparencia y logros de su gestión por lo menos cada 4 meses durante el año. La falta ética, moral y de honradez es la anemia de la democracia. Por eso, hay que inculcar valores primordiales desde la familia, el colegio, universidad, tales como el respeto, altruismo, honradez, responsabilidad, etc. para formar una sociedad mejor con menos infidelidad en el manejo de la cosa pública porque actuando ilegalmente genera enriquecimiento ilícito. 

El pueblo al ejercer control social, debe controlar el poder político que a veces por la soberbia y la conformación de bandas de cuello blanco se atrincheran en “roscas” para usufructuar ganancias furtivas, se mancha con sangre y se convierte en palaciego y temerario. 

La petición democrática, es un imperativo categórico moral irrenunciable para destruir el sable cavernario, aberrante y de involución cerebral. Hay repulsión y disconformidad con los abusos, persecución, corrupción e injusticias que han provocado los que creen ser emperadores gubernamentales. 

El valor democrático por culpa de algunos malos políticos se desgasta y desprestigia. Muchos políticos falsos e hipócritas, con carismas estériles y de hastío generan insatisfacción y decepción en la población. Debatir,  dialogar, informar y consensuar, son otros cuatro valores ineludibles de la democracia. Es verdad que hay leyes que merecen ser revisadas, abrogadas o derogadas para adecuarlas al desarrollo y actualización de los cambios sociales, pero no para proteger intereses malsanos. Hay que respetar la voluntad popular porque es sagrada y emancipadora. En los colegios debe haber una materia que promocione derechos, deberes, obligaciones y garantías fundamentales de las personas. No se debe romper las estructuras democráticas porque la catástrofe social será abismal con todo el peso de consecuencias dañosas contra el pueblo que tiene el poder soberano de revocar el mandato dado a los gobernantes transitorios.

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Pablo Gutiérrez Urgel
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