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Da Vinci y la hormiga
Lunes,  15  de Febrero, 2016

Le puedo asegurar, caro (a) lector (a), que muchas personas soltaron el llanto cuando se enteraron de la tala ilegal de cientos de árboles ubicados en un predio privado de la ciudad capital cruceña. Llanto sincero, dolor auténtico por tantas vidas segadas de animales de todo tipo y de árboles frondosos, cobijo de innumerables especies de aves.

En su lugar quedó un páramo, donde ofendía la vista el paisaje horrendo de cuerpos cercenados de reptiles, mamíferos y pequeños seres vivientes en su agonía. Entonces se me vino a la memoria la frase del sabio italiano Leonardo Da Vinci: “Llegará un día en que acabar con la vida de una hormiga se considerará un crimen de lesa humanidad”.

Todavía más, Leonardo afirmaba que un día el hombre verá el asesinato de un animal como el asesinato de un ser humano. Ese día ya ha llegado, por obra y gracia de quienes despliegan cotidianos esfuerzos por sensibilizar a la gente sobre la necesidad de proteger el medio ambiente, de respetar la naturaleza de la que somos parte los seres humanos, de respetar la vida animal y vegetal. Y resulta que hacer entender este sencillo comportamiento cuesta un mundo, porque pocos parecen darse cuenta que el desequilibrio del medio ambiente nos afectará a todos, como sucede ahora con el fenómeno del cambio climático. Un efecto actual es la emergente enfermedad del zika.

Además de este aspecto, mi intención era hablarle de la hormiga y Da Vinci. El genio del Renacimiento escribió un hermoso cuento que se lo recomiendo, por corto y educativo. Se trata de “La hormiga y el grano de trigo”. En él Leonardo muestra la importancia de las cosas pequeñas, aquellas que tienen que ver con la preservación de la vida.

Y muestra a la hormiga dotada de sabiduría que ya quisieran tener los hombres, justamente aquellos que presos de la ambición y de la angurria por el dinero -lo dice Da Vinci- no se contentan con el beneficio de la vida y la belleza del mundo. Su castigo será no comprender la vida y quedar insensibles a la utilidad y belleza del universo.

Tuve una viva impresión de los sucesos cuando un vecino del lugar afectado por la tala criminal de cientos de árboles, describía la huida de los animales, especialmente las aves. “Parecían sirios escapando de la destrucción y la muerte”, graficaba, comparando la desesperación de las aves y la pugna con otras aves por los árboles de las tierras aledañas, con los emigrantes de Siria a Europa. Los otros animales, reptiles y mamíferos, tuvieron peor destino al fugar por tierra. Lo más probable es que hayan rendido la vida atropellados o aplastados, o muertos por ciudadanos temerosos ante su masiva presencia. Huyeron, mientras los árboles indefensos caían ante las máquinas.

Las guerras son provocadas por las ambiciones humanas, lo mismo que la destrucción del planeta. Al poner en marcha un sistema de vida injusto para los hombres y basado en el consumo desmedido de bienes a favor de unos pocos y la explotación de los hombres por los propios hombres, no extraña que el ser humano actúe de un modo irracional al contaminar aire, cielo, tierra y agua con su acción demencial. Si no se respeta la vida del entorno -la biodiversidad- es poco probable que tampoco se respete la vida humana.

Si una hormiga es fundamental, imagine usted el valor de un felino, una mariposa, un batracio o un árbol.

Imagine usted la lenta muerte de nuestro planeta hogar

Fernando Luis Arancibia Ulloa es periodista. Médico pediatra. Magíster en Educación Superior y en Salud Pública

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Fernando Luis Arancibia Ulloa
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