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Editorial
Respuestas para San Matías
Jueves,  31  de Diciembre, 2015

Pareciera una buena medida la que toma el Gobierno de militarizar la localidad de San Matías, pero no es la primera vez que se toma esta decisión y lamentablemente la capital de la provincia Ángel Sandóval no ha dejado de ser “tierra de nadie” como frecuentemente la catalogan, por el alto nivel de violencia, asesinatos, ajustes de cuentas y balaceras al mejor estilo del viejo oeste.

La primera pregunta que surge es ¿cuánto tiempo van a permanecer los militares en el lugar? ¿Qué van a hacer para frenar el índice delictivo? ¿Qué mecanismos van a poner en marcha para cambiar la historia de San Matías?

Los militares no son la mejor respuesta para ninguna de las urgencias matieñas, pues primeramente, las fuerzas armadas no son precisamente la herramienta más eficaz de la pacificación, son proclives a los abusos y a la violación de los derechos humanos, factores que podrían empeorar las cosas. Si la propuesta es poner a los uniformados a generar estrategias de fomento productivo, el asunto va peor, a juzgar por numerosas experiencias negativas del pasado reciente.

Lo que pasa en San Matías es el resultado de una nueva explosión del narcotráfico y el crimen organizado que tiene como aliada la permeabilidad de las fronteras, donde los militares siguen fallando, pues no cumplen su papel de resguardar los límites de los peligros que acechan a la población, no solo de esta parte del país, sino de todo el territorio, donde el delito se campea con la permisividad de las autoridades y la sociedad civil.

Lo más probable es que en San Matías exista complicidad de las fuerzas públicas y obviamente, gran parte de la ciudadanía se inclina por las actividades ilegales, ante la ausencia de Estado y sobre todo, por la falta de alternativas de supervivencia.

Algo similar ocurrió en los años 80 con la vecina ciudad de Puerto Suárez, que también es fronteriza y con las mismas vulnerabilidades. Afortunadamente, en este sector se puso en marcha una forma distinta de combatir el delito, consistente en transformar a esa región en un polo de desarrollo, donde se instaló una fábrica de cemento, se puso en marcha el proyecto Puerto Bush, zonas francas, la construcción de centrales graneleras y se dio impulso a la actividad turística, entre otras actividades que generaron empleo y actividad económica que sacó a la gente del circuito delictivo, el contrabando, el tráfico de drogas y otras formas de vida que genera la gente para ganarse el sustento.

En Puerto Suárez el impulso productivo llegó gracias al esfuerzo privado y el Estado puso su parte con el desarrollo de infraestructura y el otorgamiento de facilidades a los inversionistas que seguramente estarían dispuestos a apostar por San Matías si es que se dieran las mimas condiciones. Lamentablemente fue el Estado el que puso los contras para el despegue del Mutún y constantemente ha fallado en la provisión de energía para el inicio de nuevos emprendimientos cementeros que han esperado por una década por el gas natural necesario.

San Matías tiene una ubicación incomparable para el aprovechamiento de la ventaja que implica estar al lado del principal mercado latinoamericano y uno de los más grandes del mundo. La clave está en tomar la decisión de cambiar el narcotráfico por otras actividades legales.

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