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El meteorito marciano
Miércoles,  16 de Abril, 2014

Rosa Gonzáles es una mujer española  de más de noventa años que decidió entregar a la ciencia su preciada “joya” que cayó del cielo en 1931 en Ardón, en la provincia noroccidental de León. La joya en cuestión es un meteorito de 5,5 gramos que casi impacta en la humanidad de Rosa cuando ésta tenía sólo once años. Desde entonces, la niña guardó ese tesoro hasta que la cercanía de la muerte le hizo decidir su entrega a los científicos. El noble gesto de Rosa es tan importante como el descubrimiento de meteoritos que han caído en la Tierra desde tiempos inmemoriales. Hace poco, según las crónicas terrestres, se han recuperado varios de estos fragmentos de otros mundos.

Se sabe que los meteoritos se originan de colisiones entre numerosos asteroides que orbitan alrededor del Sol entre las órbitas de Marte y Júpiter. Según Carlos Sagan, algunos meteoritos son generados cuando un gran meteorito impacta contra un planeta a gran velocidad, excavando un cráter e impulsando el material excavado hacia el espacio. En la región de la Antártida se han descubierto meteoritos denominados SNC (pronunciado “snick”) por Shergotty-Nakhla-Chassigny, preservados por las bajas temperaturas. Estos presentan una característica en principio increíble: en el interior de sus estructuras minerales y cristalinas aparece atrapada una pequeña cantidad de gas.

Los estudiosos que participaron en el análisis del planeta Marte, con ayuda del vehículo robot Viking, han descubierto que el gas de esos meteoritos tiene la misma composición química y proporciones isotópicas que el aire de Marte. Para sorpresa de casi todos, se ha concluido que los meteoritos “snick”  son marcianos. El estimado lector ya debe estar enterado que el planeta más parecido a la Tierra es Marte. En la actualidad este planeta no muestra señales de vida, ni condiciones para que exista como la conocemos. Por los datos que posee la ciencia se supone que en algún momento la hubo. ¿Qué ha pasado en Marte? No se sabe, quizás un gran “efecto invernadero” arrasó con todo.

Algo similar sucede en Venus. Quizás Marte y Venus sean el futuro de la Tierra, o simplemente una parte de la evolución planetaria. Pero en momentos en que hemos descubierto que el cambio climático, el propio calentamiento global, es en gran parte el resultado de la irresponsable acción humana, resulta obligatorio reflexionar hacia dónde vamos. Otros lo tienen muy claro: hacia la destrucción de las condiciones que posibilitan la existencia del hombre y de todo ser vivo en el planeta. Las acciones de gran parte de los gobiernos del mundo les dan la razón; han ignorado o incumplido los compromisos contraídos en el Protocolo de Kioto para evitar o disminuir la amenaza.

Si se usa la lógica, gran parte de los meteoritos que caen sobre la Tierra son marcianos. Si hubo vida en Marte en algún tiempo, es de suponer que la vida podría haber llegado a nuestro planeta a través de un meteorito. En realidad, en el fondo de todo, el mensaje planetario de los meteoritos es claro: o cambiamos o seremos como Marte, más temprano que tarde. Es bueno recordar las palabras de Federico Engels: “Por la férrea necesidad de la historia, la vida desaparecerá un día de la faz de la tierra, pero brotará radiante y triunfante otra vez, en otro lugar, y en otro tiempo”. Si creemos en el mensaje del meteorito marciano, quizás podamos -cuanto antes- cambiar el giro de la historia.

*El autor es Periodista, Médico
Pediatra, Magíster en Educación
Superior y en Salud Pública.

Acerca del autor:
Fernando-Luis--Arancibia-Ulloa-
Fernando Luis Arancibia Ulloa
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