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Editorial/Opinión
Tribuna
La negociación de Charaña: la compensación (I)
Jorge Siles Salinas
Jueves,  20 de Octubre, 2011

He leído con el máximo interés el libro que acaba de publicar mi amigo, el historiador, diplomático y periodista Ramiro Prudencio Lizón, hijo de nuestro gran pensador Roberto Prudencio. Su título es Historia de la negociación de Charaña, y ha sido editado pulcramente por Plural. El acto de presentación en La Paz se efectuó en el Círculo de la Unión correspondiendo los discursos introductorios a don J. Antonio Quiroga, Gerente de la empresa y a don Armando Loayza, ex Canciller. En sus más de 370 páginas el libro aborda en forma completa el transcurso de la gestión diplomática iniciada en 1975 por iniciativa del presidente de Chile, Augusto Pinochet.  Prudencio describe las fases preliminares de esas tratativas diplomáticas que se inauguraron oficialmente el 8 de febrero del año mencionado en el pueblo fronterizo de Charaña. Allí se juntaron los presidentes Banzer y Pinochet dando comienzo a la actuación diplomática más importante del siglo pasado sostenida por ambos países con el fin directo de dar solución a la demanda de nuestro país de una salida soberana al océano Pacífico. Movido por el interés sumo de esta obra que proporciona una visión nueva del transcurso y el significado de ese trascendental evento, me propongo destacar los valores de este trabajo histórico que ha demandado a Prudencio años de dedicación, recurriendo a las fuentes documentales que hacen ver el dramático desarrollo de ese proceso sobre el tema vital de nuestra mediterraneidad.

El resultado promisorio para Bolivia de dicho encuentro presidencial está revelado en el “Acta de Charaña”.  El punto 4 de ese documento dice lo siguiente: “Ambos mandatarios, con espíritu de mutua comprensión y ánimo constructivo, han resuelto que continúe el diálogo a diversos niveles para buscar fórmulas de solución a los asuntos vitales que ambos países confrontan, como el relativo a la situación de mediterraneidad que afecta a Bolivia dentro de recíprocas conveniencias y atendiendo a las aspiraciones de los pueblos boliviano y chileno”.   Es ésta una declaración explícita de la finalidad del encuentro, consistente en buscar solución a nuestro magno problema territorial; el punto 6 de la declaración manifiesta que los Presidentes “han resuelto normalizar las relaciones diplomáticas entre sus respectivos países a nivel de Embajadores”.

Es preciso reconocer que en la mentalidad boliviana ha prevalecido por mucho tiempo un concepto negativo sobre la negociación aludida.  Se cree, por lo general, que ella fue una trampa urdida por la diplomacia chilena, bajo el aliciente de que Chile estaba dispuesto en esta ocasión a formalizar con Bolivia un acuerdo definitivo destinado a satisfacer la necesidad nacional de retorno al mar. Como ejemplo de esta actitud cita Prudencio la opinión de dos personalidades importantes del quehacer político en aquel momento: Wálter Guevara Arce y Marcelo Quiroga Santa Cruz. El primero, en su libro Radiografía de la negociación con Chile, dedica un capítulo a lo que él califica como “la rendición de Charaña”; según él todo el proceso negociador mostró la fuerza de los vecinos al mismo tiempo que la debilidad patética de nuestro país ante el vencedor de la guerra de1879. En el caso del segundo no se trata de un libro sino de una acusación parlamentaria, después del derrocamiento de Banzer, en la que el joven y exaltado político de izquierda entabla contra el ex presidente un juicio de responsabilidades por “traición a la patria” en el curso del ultrajante diálogo con Chile. La expresión relativa al “Abrazo de Charaña” implica la referencia a un momento en que dos dictadores se dan un abrazo, simulando una amistad inexistente.

Tendría que llegar el año 1987 para que un periodista y diplomático de gran renombre, Wálter Montenegro, diera a luz un libro tan breve como enjundioso titulado Oportunidades perdidas. Bolivia y el Mar, para que variase la apreciación que juzgaba a Charaña como un proceso de mala conducción de nuestra política internacional, en que Bolivia salió derrotada, por obra de una grave desviación del sentido patriótico.

Montenegro traza un cuadro justiciero, mostrando que el proceso que se inició en febrero de 1975 no fue otra cosa que una nueva oportunidad perdida para Bolivia, no a causa de la incapacidad de su gobierno y de su diplomacia, sino por una diversidad de factores en los que se vio claramente la actitud mezquina de connacionales nuestros y de terceros en discordia que negaron a Bolivia la posibilidad de lograr en aquella oportunidad la gran meta histórica de recuperar su cualidad marítima.

En igual criterio se inspira el ilustre historiador Alfonso Crespo Rodas en su biografía del General Banzer. Cabe señalar la afinidad de criterios que Montenegro y Prudencio exhiben en sus obras respectivas. Pero es el libro recientemente aparecido la obra que de forma integral enjuicia el debate histórico del que nos ocupamos, donde finalmente aparece un tercer país vecino nuestro y de Chile, el Perú, como factor determinante del fracaso de la negociación.

El libro que comentamos pone, a mi modesto entender, las cosas en su lugar.  El proceso iniciado en Charaña estuvo muy cerca de lograr el cumplimiento de nuestras aspiraciones. Chile hizo una propuesta seria y conveniente para Bolivia y ella fue respaldada por todos los sectores de esa nación. Bolivia dio su respuesta positiva contando, esta vez, con la actitud favorable de los círculos mayoritarios de la población. El hombre que tomó a su cargo la jefatura de la misión en Santiago, Guillermo Gutiérrez Vea-Murguía, actuó con habilidad, diligencia y patriotismo en sus conversaciones con el Canciller de Chile, el Almirante Patricio Carvajal, cuya actitud noble y bien dispuesta se puso de manifiesto en momentos decisivos de dicho proceso. Tres años después de haber iniciado su gestión, el Embajador renunció debido a las desatenciones de nuestra Cancillería y a las reacciones adversas de gran parte de la opinión pública frente a la negociación emprendida con Chile. Su labor fue proseguida dignamente por el Embajador Adalberto Violand por un periodo de algo más de un año.

*Jorge Siles Salinas miembro de las Academias Bolivianas de la Historia y de la Lengua, correspondientes de las Reales Academias Españolas

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