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 21 de Octubre de 2020
Editorial/Opinión
Mirando de abajo
Errores fatales
Martes,  27 de Septiembre, 2011

Lo peor que pudo haber hecho Evo Morales fue atacar a los marchistas del TIPNIS. Significa el fin de su gobierno. Muy posible que sea inmediato, o casi. De todos modos se condenó a sí mismo a muerte.

¿Qué factores lo impulsaron? Muchas las respuestas: una sensación de alivio y autosuficiencia por la no imputación -ahora- en el juicio de Sanabria. Falsa percepción de algo que es, como dice el periodista González Yaksic, muy complejo. Ni el gobierno, ni nosotros, sabemos lo que dijo el general. Hasta que alguna acción ponga sobre la mesa los entretelones del asunto.

El mandamás echó su retórica por la borda. El último show fue en las Naciones Unidas, donde, con total desparpajo, volvió a mentir acerca de la Madre Tierra y los derechos indígenas. Pobre tipo, ya está enterrado en la historia. No aparecerá más que como una mancha, y los legajos que guardan sus lambiscones doctorados se volverán amarillos porque no sirven de nada.

Hay un riesgo grande de que, ante la explosión de protestas que asoman, recurra a sus sirvientes uniformados. Ahí cabe la pregunta de hasta dónde un asalariado está dispuesto a arriesgar por su patrón. Un buen pago no compra cariño. Se condenó a militares, hace poco, por la matanza de manifestantes el 2003. A cualquier persona medianamente analítica, incluso militar, le costará apostar por acciones que bien pronto tendrían castigo. Ello deja al capitán general Morales solo. Cuenta con las hordas cocaleras, para quienes, como para el presidente, su supervivencia se juega hoy. Habrá que enfrentarlas, en una coyuntura que parece no eludirá la sangre, y que ya tiene derrotados, Evo & Cia, dado su paso en falso, tonto, hormonal, en la carretera beniana.

Después de oírlo en la Asamblea General me dije que el individuo había perdido la chaveta. Ahora comprendo aquello de la “enfermedad del poder”. Sus asesores cubanos y venezolanos es muy posible que aconsejaran la movida, basándose en la experiencia de sus países. Pero Bolivia no es ni Cuba ni Venezuela y reacciona de manera muy distinta. Pueblo rebelde que se mueve en masa, insurreccional, ha sido tocado por la arbitrariedad de un grupillo delincuencial. Ha de cobrárselo, más pronto que tarde. En Bolivia los errores no duran mucho; existe una rápida dinámica de enjuague que la hace sui géneris. Morales tuvo la oportunidad, como ningún otro, y acaba de desecharla para siempre.

¿Podrá librarse como lo hizo con el gasolinazo? Lo dudo. No puede dar vuelta atrás a los golpes y al abuso. Quizá sacrifique cabezas: Llorentty algún otro más abajo. Pero se le cayó la máscara y otros, caso Choquehuanca, mostraron su verdadero rostro. Los apóstoles de la igualdad, la paz, la concordia de las razas, el alma de los oprimidos, han sacado las garras por unos pingajos de plata. Treinta catos, en lugar de treinta denarios, les costó entregar al “pueblo”. La cuerda de Judas sigue colgada del árbol. Nunca la quitaron y es como una espada de Damocles sobre los que, no sé si ingenuamente o con locura, creen que van a permanecer en un Reich ficticio hasta la eternidad. Seis años les duró para casi convertir un país en ruina. El tiempo se acorta sobremanera a momento de pagar.

Construir una escalera al cielo no garantiza llegar a él. Menos con escalones de todo tamaño y color; menos con hoja de coca y no tierra firme debajo. Más sencillo, y penosamente obligatorio en la circunstancia actual, es excavar gradas hacia el infierno.

 

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Claudio-Ferrufino-
Claudio Ferrufino
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