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Editorial/Opinión
Editorial
Pedagogía del fracaso
Sábado,  17 de Abril, 2021
Pedagogia-del-fracaso

Los seres humanos somos lo que pensamos, a diferencia de los animales, que ya vienen programados desde su nacimiento por un instinto de supervivencia que los obliga a reaccionar, a correr, a defenderse, protegerse y pelear, porque de lo contrario ponen en peligro la supervivencia propia y de su especie.

No hace falta ser un darwinista retrógrado para asegurar que los seres humanos también nacemos con algunos impulsos innatos y ni siquiera la visión más humanista puede negar que todos llevamos adentro el deseo inherente de mejorar, de desarrollar nuestro potencial, de consagrar un proyecto de vida y para ello nos esforzamos, competimos y también peleamos, si hace falta.

Los que más tratan de negar esa naturaleza humana son los ideólogos de las teorías colectivistas, que pregonan la idea de un ser desprendido, solidario y preocupado en primer lugar por el bien de los demás y en segundo lugar por el beneficio propio. Ya quisiéramos que aquello fuera verdad, tal vez en el paraíso, pero no en la realidad y menos en la práctica comunista, donde los únicos que viven bien son los miembros del partido, quienes precisamente son los que pelean como leones hambrientos por llevarse la mejor tajada, acaparar y dejar al resto en la miseria.

Los infiernos socialistas son los únicos donde se genera un proceso inverso a lo que manda la naturaleza. Mientras que en todos lados la gente progresa, aunque sea de a poco y las nuevas generaciones son siempre mejores a las de sus padres y abuelos, en Cuba, Venezuela, Corea del Norte, Unión Soviética o Alemania Oriental, la situación de la gente ha empeorado, la pobreza aumentó, la abundancia desapareció y se impuso la escasez.

La evidencia es abundante sobre el daño que el socialismo le ha causado a la humanidad, pero nunca seremos convincentes mientras sigamos manipulando el pensamiento de las masas, que continúan recibiendo mensajes engañosos, perturbadores y especialmente contrarios a la esencia humana.

En esta pandemia, nuestros líderes deberían estar impulsando ideas proactivas. Mostrarle a la gente que la crisis puede darnos oportunidades. Que en este tiempo lo mejor es educarse, formarse, capacitarse, aprender, esforzarse al máximo, reinventarse. Hay que decírselo a los niños, a los jóvenes, a los pobres, a los obreros y a todos, porque los tiempos que vienen serán más difíciles y no habrá “papá estado” que aguante y salga al rescate de nadie. 

Por el contrario, el mensaje dominante es que hay que llorar, quejarse, pedir, exigir aumento salarial, castigar al que ha tenido éxito en la pandemia, al que ha sacado fuerza de la flaqueza. Se le está enseñando a todos, metiéndoles en lo más profundo de la cabeza el pensamiento de que el éxito es malo, que hay que castigarlo con impuestos y con restricciones. Con esa mentalidad instalada en la mayor parte de la humanidad, es raro que todavía no nos hayamos extinguido.

La evidencia es abundante sobre el daño que el socialismo le ha causado a la humanidad, pero nunca seremos convincentes mientras sigamos manipulando el pensamiento de las masas, que continúan recibiendo mensajes engañosos, perturbadores y especialmente contrarios a la esencia humana.

 

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