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Editorial/Opinión
Editorial
La pandemia y la revolución que no vemos
Miércoles,  3  de Febrero, 2021
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Desde que la red Internet irrumpió con fuerza en la vida de la gente, allá por 1995, se inició una gran revolución que ha ido avanzando muy lentamente y que ha sido imperceptible para el ciudadano común.

Para la gran mayoría de la humanidad, la era digital apenas había tocado la epidermis; todos están conectados, tienen un celular en la mano, pero están jugando, mostrando lo lindos que son, incentivando el ocio y las relaciones sociales. De trabajo y estudio, muy poco, aspecto que la pandemia ha puesto en evidencia con absoluta claridad, pues ni los estudiantes saben bien qué hacer y las empresas se sienten acorraladas por el confinamiento, pese a que siempre habíamos escuchado aquello de la “aldea global”, el comercio electrónico, el fin de las barreras físicas, el auge de la conectividad.

Algunos creen que la era digital no ha tenido el mismo impacto en términos de productividad, que ocasionó en la humanidad la invención de la rueda, la aparición de la imprenta o la introducción del motor que dio paso a la revolución industrial, uno de los eventos que más impacto tuvo en el trabajo, la producción, la formación de recursos humanos y un largo etcétera que sería imposible de catalogar.

La irrupción del Coronavirus nos ha obligado a tomar las computadoras y los teléfonos inteligentes de otra manera. Hasta hace un año el teletrabajo era un asunto de los países nórdicos; educación digital era privilegio de muy pocos, extravagancia de las universidades más prestigiosas y exquisitez de una élite de amantes de la tecnología que el resto siempre ha mirado con recelo y desconfianza.

El caso boliviano es el más patético de todos. El servicio de internet más caro y más lento de América Latina habla por sí solo de la poca importancia que le damos a esta revolución. La suspensión del año escolar el 2020 y las pocas probabilidades de remontar este año, el analfabetismo digital de nuestros docentes, la ausencia total de computadoras y conexiones en las escuelas públicas y la incapacidad de las autoridades para comprender el fenómeno y reaccionar, llevarán a la condena al país, si es que el sector público sigue con la batuta en la mano en la conducción de este proceso.

 Pero justamente ahí viene lo más interesante de la transformación. Los chicos de hoy necesitan más que nunca la educación y se quedarán en la miseria si es que permanecen de brazos cruzados esperando que un gobierno inepto les cumpla la promesa de facilitarles la enseñanza, un producto que, además, viene cargado de malas intenciones. Los jóvenes tomarán las riendas de su propia formación y lo harán ineludiblemente porque la realidad los obligará a hacerlo, de la misma forma que los trabajadores tendrán que adaptarse, pues si continúan esperando una oportunidad de empleo tradicional, morirán en el intento. Esto vale para cualquiera que esté buscando la supervivencia, es decir, todos.

Los jóvenes tomarán las riendas de su propia formación y lo harán ineludiblemente porque la realidad los obligará a hacerlo, de la misma forma que los trabajadores tendrán que adaptarse, pues si continúan esperando una oportunidad de empleo tradicional, morirán en el intento. Esto vale para cualquiera que esté buscando la supervivencia, es decir, todos.

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