Siguenos en:
Martes
 22 de Octubre de 2019
Editorial/Opinión
Editorial
Tiempo de vacas flacas
Miércoles,  17 de Julio, 2019
Tiempo-de-vacas-flacas

Todos recuerdan aquella vez en la que el presidente Morales exclamó “de qué vamos a vivir”, cuando indígenas del departamento de La Paz manifestaban resistencia, o al menos pedían que les consulten antes de iniciar la exploración petrolera en su territorio.

Eran tiempos en los que sobraba el dinero para gastar en la búsqueda de hidrocarburos en un lugar que había sido descartado por varias compañías, salvo por la venezolana Pdvsa, la única que aceptó hacer una operación netamente política en Lliquimuni, que le costó nada menos que 540 millones de dólares al país, el 71 por ciento de lo que ha gastado YPFB en pozos que resultaron “secos” o poco productivos.

En La Paz hay sectores que siguen insistiendo en que se vuelva a perforar en esa región pues quieren cobrar regalías como Tarija o Santa Cruz, aunque si hacen cuentas tal vez lleguen a la conclusión de que es mejor pedir otra cosa. Bolivia exporta cada vez menos gas, los grandes pozos del sur están en declive y por más que se busca, la Pachamama sigue portándose esquiva. Es más, la petrolera estatal anda con poca plata para lo esencial, mucho menos para esas aventuras del pasado.

No tan costoso, pero mucho más alocado fue lo que ocurrió aquella vez que comenzó a escasear el azúcar en 2011 y el Gobierno dispuso la compra de más de 520 toneladas de Colombia, cargamento que llegó al país vía aérea, algo nunca visto en aquella nación. En aquellos tiempos, el régimen creía que acorralar al aparato productivo cruceño no tendría consecuencias y el tiempo lo golpeó muy duro. Pese a ello, las prohibiciones y las restricciones se mantienen en varios productos y no hay forma de convencer a las autoridades de que eso no es más que un “harakiri”.

Tal vez lo entiendan cuando la plata ya no alcance para lo esencial y hasta en eso habrá que establecer prioridades. En estos momentos, los ingresos que se perciben por la venta de gas alcanzan, casi “tas a tas”, para importar diesel y gasolina, dos productos que no pueden faltar, pues de lo contrario el riesgo de convulsión social es muy grande.

En ese caso, habrá que comenzar a mirar la larga lista de alimentos que Bolivia se ve obligado a importar en cantidades crecientes debido a múltiples factores, entre ellas el desinterés de los campesinos en producir papa o cebolla y dedicarse al contrabando, a la coca o la política, es decir, a recibir prebendas del Estado.

El problema es que esa lista es demasiado extensa y aumentó en un 54 por ciento en los últimos diez años. Lo dice un reciente informe del Instituto Boliviano de Comercio Exterior, que está asombrado porque en las cargas que ingresan al país llegan hortalizas frescas, papa y frutas que se cosechaban en abundancia en nuestros campos. En 2008 se gastaba 440 millones de dólares anuales en comprar comida y en este momento se van cerca de 700 millones. En el pasado hubo abundancia de dinero para promover el agro (aunque de una manera equivocada), ahora sólo queda pensar en “qué vamos a comer”. 

En 2008 se gastaba 440 millones de dólares anuales en comprar comida y en este momento se van cerca de 700 millones. En el pasado hubo abundancia de dinero para promover el agro (aunque de una manera equivocada), ahora sólo queda pensar en “qué vamos a comer”.