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Editorial/Opinión
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Biocidio: La otra cara del crimen
Sábado,  27 de Abril, 2019
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La figura legal del biocidio ha vuelto a situarse sobre la mesa del debate a raíz de la reciente aprehensión de doce personas acusadas de haber sacrificado animales en un acto de ribetes religiosos. De acuerdo con las declaraciones de los detenidos, miembros pertenecientes a una secta que practica rituales de raíces africanas, la matanza de animales se inscribe dentro de un supuesto intento de comunicarse con el mundo del “más allá”. Sin duda, el ejercicio de la libertad de culto que rige en el país hace posible se practiquen ritos o ceremonias de distintas vertientes religiosas sin que éstas causen incomodidades entre la población. Sin embargo, provocar la muerte de un animal sin causa justificada, deriva en la comisión de un delito criminal.
 
Conviene advertir que el marco normativo legal vigente desde el año dos mil quince sobre el maltrato animal y su muerte, se ha puesto en práctica justamente para frenar una tendencia de ciertos sectores de la población boliviana que ha adoptado características alarmantes por la violencia e insensibilidad de sus acciones en contra de diversos animales. En otras palabras, el crimen contra la vida -biocidio- resulta todavía una práctica frecuente en el país no solo por razones culturales de antigua data enquistada en ciertos estratos de la población nacional, sino que ha permanecido prácticamente impune por la tremenda insuficiencia de conciencia hacia el valor de la vida y por ignorancia. De esta manera, la permisividad de este crimen ha sido amplia.
 
A pesar de existir normas legales y jurídicas que apuntan a sancionar el maltrato animal y la muerte injustificada de los mismos bajo cualquier circunstancia, todo indica que hace falta una reglamentación expresa que permita actuar con auténtica justicia ante los casos de maltrato animal. De hecho, una persona de la tercera edad ha sido enviada a prisión por haber envenenado a un perro que se había vuelto peligroso para ella misma y su familia. La opinión pública ha encontrado la pena como exagerada y fríamente apegada a la letra muerta. Se ha puesto en evidencia, además, el escaso discernimiento de los administradores de justicia en este ámbito. Si parece insuficiente la normativa legal, resulta sensato recomendar mayor esfuerzo para mejorarla.
 
Se sabe que existen decenas de procesos sobre maltrato animal y biocidio, que deben verse como un indicador no solo de una realidad lacerante sobre el trato que los humanos otorgan a los animales, sino también de una creciente toma de conciencia sobre la necesidad de frenar los excesos. En el país mueren sacrificados diversos tipos de animales, especialmente perros y gatos, sin que se conozcan a ciencia cierta el número de víctimas porque en la mayor parte de los casos no se notifica. El maltrato animal y el biocidio emerge en Santa Cruz y en el resto del país como una realidad que no se puede pasar por alto, especialmente si todavía no se han tomado medidas exitosas para frenar la sobrepoblación canina y felina y menos para ofrecerles centros de acogida.
 
Todavía más, las zoonosis -enfermedades que se transmiten de animales a humanos-obligan a adoptar medidas que van en contra de los animales enfermos o potencialmente peligrosos para la salud de la población humana. Sin embargo, hace falta que las organizaciones de base de la vecindad comprometan su participación en la lucha conjunta de la sociedad por brindar seguridad sanitaria a todos. No se trata tan solo de impulsar la educación y sensibilización hacia los animales domésticos y otros, sino de ofrecer garantías para evitar su maltrato y abandono. Para ello, un recurso necesario y completo sería la reglamentación pormenorizada sobre la base del decreto contra el maltrato y biocidio. Urge frenar la oscura cultura del crimen contra la vida.

No se trata tan solo de impulsar la educación y sensibilización hacia los animales domésticos y otros, sino de ofrecer garantías para evitar su maltrato y abandono. Para ello, un recurso necesario debe ser la reglamentación pertinente. Urge frenar la oscura cultura del crimen contra la vida.

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