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Burlas y mentiras
Jueves,  29  de Noviembre, 2018
Burlas-y-mentiras

El presidente Morales debería tomar medidas drásticas contra el comandante nacional de la Policía por burlarse de él. En una reunión pública le ofreció los servicios profesionales de la Policía para contrarrestar la mala imagen del Gobierno en las redes sociales, para controlar a los periodistas críticos y poner a raya a los que difunden supuestas falsedades.

Sin darse cuenta, el gran jefe verde olivo, que semanas antes también había ofrecido el voto de sus subordinados a favor del “proceso de cambio”, estaba siendo grabado por alguien que no dudó en compartir el audio por las redes sociales. Horas después, la comunidad cibernética gozaba con los memes, bromas y todo tipo de comentarios jocosos en relación a los “altos niveles de inteligencia” que guían al régimen.

Pero en realidad el jefe policial no tiene la culpa. Él simplemente cumple con el “manual del llunku plurinacional” que tanto gusta en las altas esferas del poder y no hace más que repetir una ficción que el propio presidente lanzó hace unos días cuando en Cochabamba reconoció por primera vez la posibilidad de sufrir una derrota electoral, todo por culpa de las redes sociales, a las que identifica como sus principales enemigas y responsables del desgaste y pérdida de credibilidad del Gobierno.

Esa es una cantaleta vieja que ha llevado a gastar millonadas en la conformación de un equipo de guerreros digitales que buscan cómo enfrentar a un enemigo que no tiene cara, que no puede ser localizado, que se multiplica, que aparece aquí y allá, que comparte y comenta y que no tiene una existencia real y que por lo tanto, no puede ser controlado y acallado, como ingenuamente lo piensa el comandante, seguramente aleccionado por agentes traídos de Cuba, uno de los pocos países del mundo que ha conseguido instaurar una dictadura comunicacional a fuerza de mantener a la población en un desierto informativo, alejada de internet, de las redes y de las computadoras.

Pero aún en el caso de que fuera posible montar una gendarmería eficiente en las redes y que el Gobierno contara con personal de inteligencia algo más avispado que aquellos generales y guerreros que trabajan en la actualidad, el hecho es que el “proceso de cambio” no se ha deteriorado por culpa de Facebook, de Twitter o de WhatsApp.

Las redes no son culpables de la corrupción, del derroche, de los abusos, de la justicia, el narcotráfico, la destrucción de los parques, el deterioro de la industria gasífera, la ineficiencia de las empresas estatales y todo lo que la gente ha podido comprobar y que simplemente se refleja en estos nuevos  espacios que brinda la cultura digital, que tienen mucha fuerza, pero nunca comparable al malestar que se percibe en las calles, en las manifestaciones ciudadanas y en todos los rincones del país que se han expresado en algo tan real e incuestionable como el voto.

Las redes no son culpables de la corrupción, del derroche, de los abusos, de la justicia, el narcotráfico, la destrucción de los parques, el deterioro de la industria gasífera, la ineficiencia de las empresas estatales y todo lo que la gente ha podido comprobar y que simplemente se refleja en estos nuevos  espacios que brinda la cultura digital.

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