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Editorial/Opinión
Tribuna
La crisis del estado liberal y sus recetas (1)
Martes,  30  de Enero, 2018

La primera Guerra Mundial pone de manifiesto no sólo la profunda crisis del Estado Liberal, sino también su subsistencia como forma de organización política. La creciente conflictividad social desemboca en un clima inestable, de gran tensión y polarización social, un escenario potencialmente explosivo, que deja sin trabajo a millones de personas, lo que evidencia el colapso, y la desintegración del sistema.

Esta crisis se hace patente, por un lado, con el surgimiento de los modelos de Estado alternativos que, sobre premisas ideológicas contrapuestas, tienen en común que no se configuran ni como Estados de Derecho, ni como Estados Democráticos, menos como Estado constitucional. Y por otro, en el vivo debate intelectual que, en el contexto del nacimiento de esas formas alternativas de Estado se produce en el período de entreguerras, sobre las fragilidades o incongruencias que muestra entonces el Estado Constitucional en transición y que a unos les llevará a justificar su defensión y a otros a preservarlo.

Ante el fracaso del modelo liberal, se van a aplicar dos tipos de soluciones: las que tratan de perfeccionar y poner al día ese modelo agonizante, que está a punto de naufragar, y que busca transformarse en el Estado Social y Democrático de Derecho; y las que representan alternativas que reniegan de la tradición liberal (en este caso, el remedio resultará peor que la enfermedad) en una doble dirección: el Estado autoritario y el Estado socialista, dos respuestas de muy distinto signo, pero coincidentes en su rechazo de los principios liberales.

El Estado socialista fue una alternativa global al Estado liberal en crisis que irrumpe en escena con la Revolución bolchevique de 1917, cuyo punto de partida era la constatación de que la sociedad está dividida en clases antagónicas y la libertad, como la riqueza o el poder, está desigualmente repartida y en manos de unos pocos.

Lenin encabeza esta revolución y define que el proletariado debe conquistar el poder (incluso violentamente) y ejercerlo en exclusiva, sin límites ni cortapisas. Se elimina así cualquier resistencia y comienza a edificarse la sociedad socialista, en la que los medios de producción son ya de propiedad estatal y todo el poder reside en los soviets, que forman una estructura piramidal.

En contraste con el Estado liberal, los rasgos característicos del Estado Socialista, son:

1)    El poder corresponde a la clase trabajadora y sus órganos representativos, los soviets, encarnan la soberanía popular. Los soviets designan a los titulares de los demás órganos del Estado, que responden ante ellos. No hay necesidad de dividir el poder puesto que no hay intereses contrapuestos ni hay necesidad de oposición.

2)    Es un sistema centralizado, tanto en la organización del Estado como en la organización de la economía. No hay espacio para la propiedad privada de los medios de producción y el mercado no juega ningún papel.

3)    El Partido Comunista es el centro real del poder y se trata por tanto de un régimen de partido único, como expresión de una sociedad homogénea, y unánime. En realidad es un sistema de cooptación: los candidatos se designan desde arriba.

4)    El Estado socialista así organizado no puede calificarse de Derecho: el poder no está sometido a límites ni controles. Sin embargo tras el periodo stalinista (caracterizado por una brutal represión) y un despotismo demencial, y arbitrario, se trató de establecer en la URSS un sucedáneo de Estado de Derecho: el principio de legalidad socialista, con su Constitución en el vértice, y el reconocimiento de un amplísimo catálogo de derechos y libertades. Pero estos derechos se reconocen siempre con una cláusula de reversa: en la medida en que su ejercicio sea compatible o no entre en conflicto con el interés del Estado, con la construcción del socialismo que en la práctica no tolera las manifestaciones de crítica o disidencia. Los derechos individuales, se subordinan a un supuesto interés colectivo, a los imperativos de la razón de Estado.

El Estado socialista que tantas esperanzas despertó en su día, se ha convertido no obstante en un rotundo fracaso y que, salvo Cuba y Corea del Norte, es una forma de Estado en extinción, aunque no faltan algunos intentos de hacer flamear sus banderas pese a la caída del muro de Berlín el año 1989.

Jurista y autor de varios libros.

Acerca del autor:
William--Herrera-Anez--
William Herrera Añez
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