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Editorial/Opinión
Enfoque internacional
Cambiar de gobierno
Lunes,  11  de Enero, 2016

El flamante presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela lo dijo sin ambages al asumir el cargo: la mayoría opositora pretende, mediante métodos constitucionales sin mácula, cambiar de gobierno y así instalar una democracia con Estado de Derecho.

Debe haber sido un momento dulce para Henry Ramos, que pertenece a lo mejor de la vieja guardia de los partidos que gobernaron Venezuela en el pasado pero cuyo fracaso originó el surgimiento del chavismo, retirar del hemiciclo los símbolos del culto a la personalidad del difunto Chávez. Ese caudillo populista inició en 1992, con un intento de golpe contra Carlos Andrés Pérez, entonces presidente y líder de Acción Democrática, el mismo partido del hoy jefe de la Asamblea, el proceso de destrucción de la democracia que se aceleró con su llegada al poder en 1999.

Y, sin embargo, ni Ramos, ni Acción Democrática ni la oposición, los de entonces, son ahora los mismos. El chavismo ha cambiado al país para mal pero también ha cambiado a la oposición para bien. Es hoy mucho más consciente de sus falencias y errores históricos, de la necesidad de ir hacia un modelo alejado del elitismo rentista, y de la mucha responsabilidad que entraña el favor popular de que hoy goza, comprobado en las elecciones que dieron pie a la mayoría aplastante en esta nueva asamblea.

Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, el hombre que manejó como un señor de horca y cuchilla la Asamblea bajo el chavismo y está bajo acusaciones de narcotráfico, harán lo indecible para impedir que la oposición desmonte la dictadura. Ya pretenden, a través del Tribunal Supremo de Justicia, anular el resultado electoral en tres circunscripciones donde fueron elegidos nueve opositores y un oficialista, amén de otras maniobras, como instalar una Parlamento paralelo.
Pero hoy hay dos motivos para pensar que la oposición tendrá las defensas que en el pasado la hacían tan vulnerable al rodillo compresor del chavismo. Uno es el masivo respaldo popular de que gozan; el otro, el rol aparentemente independiente del chavismo que empiezan a jugar las Fuerzas Armadas, no solo puesto en evidencia porque se negaron a avalar un posible fraude, sino porque han dado garantías de que, por ejemplo, los opositores podrán marchar por el centro de Caracas, coto vedado que monopolizaba el gobierno hasta ayer.

Es muy pronto para sacar conclusiones. Habrá que ver si la oposición logra, por lo pronto, que su primera gran decisión, la anunciada amnistía para el casi centenar de presos políticos, entre ellos Leopoldo López, Antonio Ledezma y Daniel Ceballos, tenga una traducción en los hechos. También está por verse si se le permitirá a la oposición conformar el bloque de 112 diputados que constituiría la mayoría absoluta y por tanto permitiría ese “cambio de gobierno” que Ramos anuncia. Pero, si la oposición sabe medir sus tiempos, actuando con esa indispensable combinación de audacia y prudencia de los mejores procesos democráticos, los factores apuntados abren una oportunidad que en casi dos décadas no se había dado.

El rol de la comunidad internacional, a pesar de América Latina, ha sido importante en el último año. Ahora, al parecer, la propia OEA cuenta con un Secretario General dispuesto a ser una voz influyente en el proceso de transición (lo que quiere decir estar en contra de los esfuerzos por impedirlo). Esa dimensión internacional del esfuerzo democratizador será hoy tan o más necesaria que antes de las elecciones. Ojalá que los gobiernos y líderes que han perdido el miedo a respaldar a los demócratas redoblen el empeño en estos meses delicadísimos.

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Alvaro---Vargas-Llosa
Alvaro Vargas Llosa
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