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 21 de Octubre de 2020
Editorial/Opinión
Polic?a en apuros
Editorial
Domingo,  1  de Noviembre, 2009

Un puñado de “mototaxistas” puso en aprietos a la Policía de Santa Cruz en la localidad de La Guardia, lugar donde se produjo la más clara y contundente expresión del hastío ciudadano por lo que está ocurriendo con la inseguridad. En lugar de exigir garantías y resarcimiento para retornar al lugar de donde fueron literalmente correteados por la gente, los responsables de la institución deberían asumir públicamente el compromiso de trabajar para evitar que la delincuencia tome el mando de las ciudades y siga derramando impunemente la sangre de los bolivianos.
No se trata de justificar el ataque a los policías que habían cumplido con su responsabilidad de atrapar a un peligroso asesino, sino de poner en su debido contexto ese hecho lamentable.
Santa Cruz viene arrastrando décadas de postergación en materia de seguridad ciudadana. No existen planes, no se ejecutan presupuestos y lo peor de todo es que nadie asume la responsabilidad de tomar el toro por las astas. Entre el Gobierno central, la Prefectura, la Policía Nacional se echan el fardo y “la casa se queda sin barrer”. La población está hastiada de las improvisaciones, de los discursos, promesas y diagnósticos, mientras que los delincuentes van perfeccionando sus técnicas, se vuelven más peligrosos y por último, asoma el temible fenómeno de las pandillas juveniles, que en América Central y gran parte de Estados Unidos se ha convertido en el problema más grave de la criminalidad.
A la Justicia también le toca su parte de la culpa, pues se ha demostrado que hay graves fallas en el sistema judicial y los procedimientos, si no, ¿cómo se explica que un joven que ha matado a por lo menos media docena de personas haya sido capaz de burlar a los tribunales, entrar y salir de la cárcel para seguir constituyéndose en una amenaza para la sociedad? Estamos hablando del criminal que estuvo a punto de ser linchado en La Guardia y de cientos de otros casos que se conocen diariamente a través de los medios de comunicación. Casi todos son reincidentes que conocen a la perfección las maniobras que se pueden aplicar para perpetuarse en la impunidad.
Pese a que, como sostenemos, la responsabilidad es compartida, la Policía no puede dejar de asumir que nadie más que ella está en el deber de tomar la iniciativa, primero, para adoptar una posición de sinceridad frente a la ciudadanía a la que se le debe informar claramente lo que ocurre, cuáles son las fallas y las necesidades. Esto requiere que la institución se ponga del lado de la sociedad y de sus intereses y abandone la actitud connivente con el sistema político, que no hace más que echar más sombras sobre la imagen de la entidad que nació casi junto con la república.
Hace bien la Policía cuando advierte que no va a permitir la “colombianización” de Bolivia, refiriéndose al oprobioso avance del narcotráfico y la violencia que viene aparejada a esta actividad. Esperemos que lo demuestre con hechos, que enfrente el problema con valentía y decisión. La ciudadanía está esperando gestos que le den garantías de que en el país no está funcionando una lógica perversa en la que la delincuencia puede resultar funcional.

La Policía necesita demostrarle a la ciudadanía que trabaja para servir a la sociedad. Dejar desguarnecida a una población es lamentable.

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