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Editorial/Opinión
Perspectiva mundial
¿Qué esconde el sueño populista de Morales?
Sábado,  31 de Octubre, 2015

En el famoso discurso de Angostura de 15 de febrero de 1819, Simón Bolívar advirtió sobre los peligros de la perpetuación en el poder: “Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía”.

Dos siglos después, Evo Morales y Nicolás Maduro, que presumen de ser fieles hijos de Bolívar, son los primeros en hacer caso omiso de esa advertencia. La alternancia en el poder fue uno de los principios de las jóvenes naciones del continente americano, diseñado en contraposición con el carácter vitalicio de las monarquías europeas.

Evo Morales sueña con perpetuarse en el poder. “Si el pueblo nos quiere a mí y al (vicepresidente) Álvaro (García Linera), estamos preparados para seguir sirviendo”, afirma el presidente boliviano. Y es que no hay populismo cuyo líder no se ofrezca como providencial solución a los problemas del pueblo.

De salir adelante el referéndum  sobre la reforma constitucional, aprobada en su momento por un Parlamento controlado por el oficialista Movimiento al Socialismo (MAS), Morales quedaría habilitado para concurrir a las elecciones de 2019 y se le abrirían las puertas para seguir gobernando con mano férrea hasta 2025.

Y eso que Morales se enmienda a sí mismo: en 2009 el bolivariano promulgó la enmienda constitucional para permitir un mandato y dos reelecciones consecutivas, en lugar de una, fijando así lo que actualmente establece la Carta Magna.

Peculiar cómputo

La propuesta sostiene que el primer mandato, bajo la Constitución de 2009, corresponde al período 2010-2015, la primera reelección a la gestión 2015-2020 y la segunda sería la del quinquenio 2020-2025.

¿Cómo justifica el Gobierno de La Paz estas cuentas? Explicando que la primera gestión del dúo Morales y García Linera (2006-2010) no contaría para el cómputo porque correspondió al periodo previo a la refundación del país en 2009 como “Estado plurinacional”, algo que la oposición siempre ha rechazado.

En medio de las fuertes críticas de los otros partidos, el mandatario boliviano aún insiste en que la propuesta no es una iniciativa suya, sino de los sectores sociales sindicales e indígenas afines, y que fue esta presión popular lo que “le obligó” a abordar el tema con sus ministros y parlamentarios.

Es cierto que la norma fue efectivamente propuesta formalmente al Congreso por los sindicatos cocaleros de la región del Chapare (centro), pero no lo es menos que quien lo preside desde hace casi 10 años... es el propio Morales.

Por cierto, ese es otro cargo que también se niega a abandonar desde que accediera al mismo en 2006, a la vez que asumía la presidencia de la República.

Tratando de cubrirse las espaldas ante las críticas, el oficialismo envió la propuesta para perpetuar al Tribunal Constitucional (TC). Este sólo observó errores de forma y devolvió la ley al Parlamento para que se enmendaran. El régimen se mostraba muy seguro de que no iba a encontrar escollos en el alto tribunal: al mismo tiempo que se tramitaba esta apelación, el Congreso ultimaba la pregunta que se formularía en el referendo para aprobar o rechazar la reforma a la Carta Magna.

Dictaduras de facto

El de Morales no es un caso ni mucho menos aislado en la región. También lo pretendía Cristina Fernández, ahora que está a punto de terminar su segundo mandato (2011-15), marcado por la corrupción.

En la República Dominicana se debate igualmente la convocatoria de un referéndum para reformar la Constitución, tras la iniciativa planteada para permitir la reelección del actual presidente, Danilo Medida, algo que no permite la legislación vigente.

Pero sin duda son el chavista que perdura con Nicolás Maduro en Venezuela y  el régimen castrista de Cuba los ejemplos más destacados de blindaje en el poder.

En Venezuela, el chavismo se ha servido de diferentes medios para convertir el país en una dictadura de facto: un factor clave ha sido la creciente militarización de los poderes públicos y de la vida del país en general, herencia de Hugo Chávez que Nicolás Maduro mantiene para ejercer y perpetuarse en el poder.

Para ello, el Ejecutivo no ha dudado en recurrir a medidas autoritarias, como usurpar poderes del Legislativo y del Judicial; valerse del aparato mediático del Estado; atropellar el derecho de expresión e información; encarcelar arbitrariamente a dirigentes políticos de la oposición y de funcionarios públicos; o reprimir violentamente protestas en las barriadas populares.

Y pobreza, mucha pobreza. Como señala la politóloga guatemalteca Gloria Álvarez, “los populismos iberoamericanos necesitan mantener a la población en la ignorancia y la miseria para seguir gobernando”.

Métodos todos ellos aprendidos del castrismo, tan venerado por Hugo Chávez y Maduro. En Cuba, la perpetuación en el poder se identifica con el continuismo de la dictadura comunista de Fidel Castro en la persona de su hermano Raúl. La nueva etapa de aproximación a EEUU facilitada por Obama o los promocionados viajes de “celebrities” no han supuesto cambios sustanciales.

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Cristina Castro
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