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Editorial/Opinión
Las leyes del progreso
Tribuna
Miércoles,  7 de Octubre, 2009

Carlos Herrera E. • Abogado - Son pocos ya en el mundo los países que no visualizan, aunque sólo sea superficialmente, las leyes que rigen el desarrollo de los pueblos modernos, porque incluso la China, que tiene un régimen unipartidista y centralizado, apunta ya en el buen sentido.
Para descifrar estas leyes sólo hay que mirar de una forma objetiva y desideologizada lo que han hecho esos países. Mencionemos algunas de esas leyes: adoptar siempre políticas económicas de mercado, en el entendido que el mercado es el mejor reasignador de recursos y la forma más eficiente de generar riqueza. Es decir, libre competencia e inversión privada a gran escala, esto es, nada de capitalismo de Estado, mucho menos economía socialista, porque el Estado como empresario es siempre ineficiente y porque su tendencia natural, cuando juega de productor, es a evitar la competencia, lo que deviene en industrias de mala calidad que casi siempre terminan subsidiadas por el consumidor. 
Mercados donde rige el principio de la sana competencia, porque de esta forma el directo beneficiado es el consumidor, que tiene la posibilidad de comprar los mejores productos a los mejores precios. Es decir, mercados que premien la innovación, la creatividad y el esfuerzo del trabajo, no la habilidad para hacer lobby con el Estado, porque eso sólo beneficia a los grupos corporativos.
Protección de la propiedad privada, es decir, garantías para la inversión privada, o lo que es lo mismo, un Estado que actúe en el marco de unas leyes y una Constitución inspiradas en la idea del respeto por aquella. Esto es, nada de expropiaciones o confiscaciones arbitrarias de bienes privados, ni atropellos a los derechos básicos, sino pleno respeto por la legalidad democrática y sus procedimientos.
Un régimen tributario que se inspire en el principio de equidad, evitando la discriminación conseguida por la fuerza de los sectores, porque aquello sólo sirve para que algunos sectores subvencionen a otros; el caso del transporte nacional es un claro ejemplo de cómo el Estado subvenciona a un sector poderoso mediante el mecanismo de una tributación inequitativa.
Atracción de capitales para la generación de fuentes de empleo, no trabas ni rechazo a los capitales extranjeros, esto porque el mejor empleador es el capital civil (nacional o extranjero) no el Estado, que genera un empleo burocrático que no es generador de bienes y servicios, la verdadera fuente de las divisas para el desarrollo de los pueblos.
Un Estado basado en instituciones que observen rigurosamente la legalidad democrática, no uno que las subordine al poder circunstancial o que convierta a las mismas en fuentes de empleo para la banda política de turno, porque esto no lleva a ningún lado. En los Estados modernos los gobiernos ganadores sólo cambian las direcciones ejecutivas de las instituciones públicas porque entienden que el Estado, para su buen funcionamiento, requiere de una administración especializada. Nosotros somos el mejor ejemplo de cómo un Estado cooptado por el partidismo no ofrece pelea a la pobreza, cerca de dos millones de bolivianos –de una población de nueve millones- han tenido que buscarse la vida en otros países y eso que nosotros tenemos un país con ingentes recursos materiales.
Por lo mismo de lo anterior, una buena política nacional de educación, esto es, mejorar la educación escolar, sobre la base de que la racionalidad –no la mitología ni el dogma ideológico- es la única herramienta de conocimiento que hace posible el desarrollo tecnológico y productivo de un país. Un pueblo que no entiende que la buena educación consiste primordialmente en mejorar y ampliar el raciocinio de su gente, termina perdiendo el futuro aplastada por el peso de una mitología que sólo beneficia a los que detentan el poder. 
Protección a los derechos individuales, lo que supone una cultura que entiende que las personas son la razón de ser del Estado y no al revés, es decir, que la legislación debe tomar los derechos fundamentales de las personas como el principio informador de las leyes y la Constitución Política.
Control del poder político, mediante la vigencia de la idea de separación de poderes  consignada en la Constitución de los países democráticos. El respeto a las competencias de cada poder del Estado es la garantía del contrapeso político entre los poderes del Estado. Una idea que es consecuencia de la enseñanza histórica sobre los abusos del poder político.
Racionalidad en la administración de la cosa pública. Una administración excesivamente politizada de las finanzas y los presupuestos públicos malgasta esfuerzo, tiempo y dinero que es difícil restituir luego. Inversión pública no quiere decir necesariamente gasto público, es decir, no puede admitirse la empleomanía por parte del Estado creando empresas incapaces de sostenerse en el tiempo compitiendo con las demás. Los dineros que los ciudadanos aportan en impuestos deben volver en educación, salud, o infraestructura, no gastarse en experimentos políticos efectistas.
Apertura de la economía, es decir, libre importación de productos foráneos, porque el argumento de que aquellos compiten en desigualdad de condiciones con la industria nacional -porque no pagan impuestos o porque reciben ayuda de los gobiernos mediante la figura de subsidios o estímulos fiscales irregulares- no debe hacernos olvidar que las industrias que no pueden competir terminan siendo subsidiadas por los consumidores o quebrando a mediano plazo. El empleo sostenible es exclusiva consecuencia de empresas que saben luchar, en calidad y precios, por su lugar en el mercado.
En síntesis, el desarrollo sólo se alcanza siguiendo un libreto inspirado en las viejas y famosas ideas de libertad e igualdad de derechos de las revoluciones del siglo XVIII. Pero para esto hace falta también una percepción racional de las lecciones que la historia de otros países ha dejado. Ahí la verdadera fuente del conocimiento político y económico, lo que otros han hecho y lo que ha resultado en progreso y mejoría del nivel de vida de los pueblos. Y no son pocos ya a esta altura de la historia los países exitosos de los que se puede aprender mucho, sólo hay que saber mirar.

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Carlos-Herrera-Echazu
Carlos Herrera Echazu
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