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Editorial/Opinión
Barlamentos
Vacas flacas, autonomías y pacto fiscal
Viernes,  27  de Febrero, 2015

Quiero escribir, pero me brota desaliento”, pensé parafraseando a Pedro Shimose. Acababa de leer las noticias de nuestra parte del mundo. ¿Qué importa si EEUU y Cuba sostendrán la segunda ronda de negociaciones después de cambiar improperios por besos? No extrañaría que los viejitos Castro se prendan de otra teta y mamen en el petróleo de esquisto estadounidense, después de la roja soviética y de la fucsia venezolana.  

Resaltaban los chispazos de corrupción por aquí y por allá. Que la esposa de Ollanta en Perú; que el vicepresidente roquero (o ¿‘robero’?) adulado de Cristina en la Argentina salpicada de la sangre de Nisman; que el hijo de la Bachelet en el “falso socialismo” de Chile (Evo Morales dixit); que la repartija corrupta de Petrobras al partido gobiernista de la Rousseff pringaba a firmas inglesas. Que la carestía de alimentos en Venezuela apunta a la propaganda opositora, luego de la farra de 70.000 millones de petrodólares anuales.  

Analistas recomiendan medidas para paliar los años de las vacas flacas. El reciente III Foro Internacional de Santo Domingo recomendó una nueva agenda después de la ‘década dorada de 2003-2013’: mejorar la calidad de la democracia, diversificar la matriz productiva, blindar y profundizar los avances sociales, garantizar la seguridad ciudadana. Permítanme desglosarla a la realidad nacional, con la sorna de conocer demasiada historia y una visión tal vez cínica pero realista de Bolivia.

El mejoramiento de la calidad de la democracia boliviana deja mucho que desear, sean vacas gordas o macilentas las que afectan el bolsillo de los bolivianos. Los primeros tres años de las vacas gordas se desperdiciaron en las algaradas, bloqueos y manifestaciones recetados por el Foro de São Paulo y financiados por petrodólares venezolanos y algún multimillonario interesado, como una novel forma de golpe de Estado: menear el gajo hasta que caigan las peras de la gobernabilidad y se elija, por cansancio o frustración, al ungido. Los siguientes tres años se caracterizaron por un mentiroso proceso de cambio, ¿o fue relevo de rateros? En la fogata de proyectos megalómanos, corrupción, distorsión de prioridades en obras electoralistas y mal hechas, prebendalismo y narcotráfico, se quemó una porción considerable de la leña de incrementados ingresos, que debería haber alimentado una juiciosa política de inversión para hacer sustentable un gran salto hacia adelante.

¿Qué se puede decir de diversificar la matriz productiva? No es meta nueva. Una fueron mineros desplazados a la ropa usada o a la coca del Chapare, “liquidados” no en el sentido de eliminados, sino de aviados por el decreto 21060. Contrabando y pichicata financian hoy el auge ‘pequebú’ de ‘cholets’ que antes eran ‘chalets’ y de ‘hummers’ a la vera de casuchas rurales. Otra fue la mentada “nacionalización de hidrocarburos”: ¿qué hacer, ahora que no habrá inversión foránea o ingresos del gas, con petróleo a menos de $us 50 el barril? Es la misma pregunta que hacían cuando la mono-producción dependiente era de mineral de plata, del metal del diablo, hoy del gas natural.

Asumiendo que se tienen un par de años antes de apretar cinturones, el futuro es la inversión de lo poco que queda en quinua y productos andinos, mejor si orgánicos, no en la coca. ¿Qué mejor pista que Paraguay se queje que Argentina exporta a Brasil la energía eléctrica de Yaciretá? Inviertan en energía eléctrica, incluyendo las hidroeléctricas del río Madera, con esclusas y todo, que lo nuclear es pura paja.

Blindar y profundizar los avances sociales. El mejor es la reducción de la pobreza, objetivo válido en un continente desigual, donde hasta a honestos clase-medieros de Bolivia azora la magnitud de la danza de millones de los corruptos en Brasil, que incluye a la Queiroz Galvão de la carretera Potosí-Tarija, y a la OAS de la carretera asesina del Tipnis. ¿Cuándo salpicará a mandamases de los ‘paquetes cerrados’ de obras en Bolivia? Eso sí, vaticino que seguiremos teniendo pobres extremos del norte potosino pidiendo limosna en las esquinas. Si blindar la economía es tarea difícil así lo asegure Superlucho, creo que blindar a los pobres será imposible.

Brindar y garantizar seguridad ciudadana es tan ilusorio como que Evo Morales asegure que hasta el último ‘paquito’ boliviano no es corrupto, decía mi amigo José María Bakovic. Cebados a que el delito castigue culpables, inocentes y políticos opositores con el ingreso a universidades del crimen en que se han convertido las cárceles, basta salir a las calles. Por eso con sardonia río por un lado y lagrimeo por otro con modificar la Ley de Autonomías. Risas llevan a carcajadas derivadas en llanto con el tema del Pacto Fiscal: el Presidente perora contra repartijas de ingresos nacionales. Claro, si el gobierno central se lleva el 80% de las regalías, el 75% de impuestos y el 42% de los Impuestos a los Hidrocarburos (IDH). El Pacto Fiscal es solo un argumento discursivo, dice Juan Carlos Urenda, así el Presidente declare que “hay que reconocer, la Asamblea se ha equivocado, yo me he equivocado”. ¿No será como la ‘equivocación’ de sobreprecio de decenas de millones de dólares de Patricia Ballivián Estenssoro en la adjudicación sin licitar de la carretera Potosí-Tarija?

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