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Clichés de clase media
Miércoles,  22 de Julio, 2015

La clase media siempre ha sido la columna vertebral de los partidos de derecha liberal. Sin embargo en nuestra América, la clase media está paralizada, víctima de sus propias frases hechas y lugares comunes.

(1) “Aquí tiene que pasar algo”. Pero las cosas no pasan solas. Si no hacemos nada, no va a pasar nada. O si lo hacemos mal, o a destiempo, o fuera de lugar o en forma improvisada o chapucera.

(2) O decimos “Aquí tiene que haber una reacción”. Pero la ley de “acción y reacción” no tiene en la sociedad el mismo sentido y valor que en Física. En la sociedad rige más bien la Entropía: si nadie hace nada por las soluciones correctas y oportunas, la tendencia natural de los problemas es a empeorar.

(3) “Hay que tocar fondo”. Pero la sociedad humana no es una piscina, ni un cajón o un baúl: no tiene “fondo”. Siempre se puede estar peor, porque todo es empeorable. Pero este cliché justifica la pereza: “Esperemos tocar fondo...” y mientras, ¡nos cruzamos de brazos!

(4) “¡Tenemos que hacer algo!” decimos, ya con la soga al cuello. Pero “algo” no es suficiente porque puede ser “algo” inútil, inidóneo, ineficaz, imprudente, irracional, irrealista, injusto y/o inmoral.

(5) “Tiene que haber un cambio”. Y el “cambio” puede ser para peor; por ej. el comunismo en Venezuela llegó tras la promesa de “un cambio”. ¡Y vaya cambio! Pero lo aprendemos, cuando ya la soga nos ahorca.

(6) “Todos los extremos son malos”. Es contradictorio porque “todos” es muy demasiado extremo. Con esta falacia rechazamos el libre mercado, como si fuesen igualmente malos la riqueza y la pobreza, el orden y el desorden, la salud y la enfermedad, la locura y la cordura, el saber y la ignorancia.

(7) “¡Abajo los dogmas!” Otra contradicción, porque esa expresión tajante ya es un dogma. Es como si todo principio, norma o regla fuese un “dogma” y por ello debe abandonarse. Así seguimos en la política “pragmática” y meramente anecdótica, sin principios: el cambalache de siempre por los puestos públicos.

(8) “No hay que ser negativo”, decimos cuando se discute y se critica. Cerramos la puerta al pensamiento crítico, y a todo cuestionamiento. Así es imposible rectificar un error, y por tanto es imposible avanzar.

(9) “Todos tenemos derecho a opinar”. Sí; y todos opinamos de todo, y todo el tiempo. Pero las opiniones no son todas de igual valor: ¿O vale igual una opinión bien fundada que otra sin fundamento?

(10) “Todas las ideas son respetables”. Pues no, ideas p. ej. nazis o comunistas son socialmente dañosas, perversas; respetables son las personas que las sostienen, y solo hasta que las ponen en práctica.

(11) “Nadie es dueño de la verdad”, decimos en vena relativista, negando la existencia de verdades objetivas, o con validez universal y permanente, o la posibilidad de conocerlas, entenderlas y expresarlas.

El relativismo se liga al “irenismo”: buscando la armonía y el “consenso”, suprimimos la discusión y acallamos la verdad.

(12) “El socialismo es bueno en teoría”. En teoría es una colección de falacias, fraudes y errores garrafales; y en la práctica sus consecuencias son desastrosas, y siempre las mismas. Jamás funciona como se supone. ¡Entonces es una pésima teoría!

(13) “Todas las teorías son buenas”. ¡No! Hay teorías buenas, regulares y malas: no todas son verdaderas, realistas, objetivas, racionales, éticas. Pero no tenemos la paciencia de rastrear antecedentes, historia, casos, cifras, etc., ganando perspectiva para descartar todas las teorías malas.

(14) “El problema es muy complejo...” repiten los “expertos” con voz engolada y cara de profundos. Eso significa “no tengo idea”. Hay que decirle: “OK sigue buscando amigo, y cuando la tengas avisa”. Porque todo problema luce muy complejo ...hasta que se entiende, y se halla la respuesta o solución correcta.

(15) “La solución debe ser integral”; ¡otra frase hueca! No hay una solución para todo (“integral”), no hay remedio para todos los males; eso es la “panacea universal”. Eso no existe.

(16) “El cambio tiene que ser interior, de cada persona”. Esta es una forma elegante de echarnos las culpas a todos; ergo: a nadie. Las instituciones deficientes y las leyes malas crean incentivos perversos, en contra de la buena conducta, y a favor de la mala. Nada bueno se gana con obedecerlas y cumplirlas. Hay que cambiarlas, para que las conductas puedan cambiar.

(17) “La política es sucia”! Pues sucia seguirá, y cada vez peor, si los “limpios” no se meten a limpiarla. ¿Has leído la parábola de la zarza inútil, la reina de las plantas, en la Biblia? Está en Jueces 9.

(18) “Hagamos un cacerolazo!” (O una “marcha”...) Cacerolazos y marchas no sirven. La democracia directa es otra engañosa utopía de las izquierdas para tenernos fuera de los partidos, su coto cerrado exclusivo.

(19) “¡Los vamos a juzgar por corruptos!” ¿Quiénes van a juzgar? Para que haya esos juicios tiene que haber un cambio de sistema, y una vigorosa fuerza política que lo impulse hasta lograr su concreción.

(20) “¡Política sí; partidos no!” Es como decir: economía sí, empresas no. Fútbol sí, equipos no. Clínicas sí, médicos no. Queremos democracias sin partidos.

Y la lista no es completa. Es solo una muestra.

Menudo trabajo nos espera: despejar toda esta niebla mental… Pero el esfuerzo ¡vale la pena!

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Alberto--Mansueti--
Alberto Mansueti
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