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Internacional
Tribuna
Indigenismo omnipresente, Indigenismo omnipotente
Sábado,  4 de Junio, 2011

El escándalo político en el que se ha convertido la disputa por un escaño Yuracaré-Mojeño dentro de la Asamblea Departamental Cruceña ha reactivado la discusión sobre el Indigenismo. Ha cobrado notoriedad el debate sobre la existencia de esta etnia indígena y, los distintos actores políticos y civiles han concentrado sus esfuerzos en éste. Pero, si nos permitimos una pausa reflexiva, es conveniente examinar el alcance de conllevar este debate: En algún momento –si reorientamos el enfoque y obviamos la disputa sobre la estricta legalidad de este escaño- ¿se ha discutido exhaustivamente sobre indigenismo y mestizaje dentro de la sociedad boliviana?, ¿sobre el tema de representatividad política en la democracia boliviana? La sociedad boliviana del nuevo siglo, desde un punto de vista cultural y étnico, es ajena a la sociedad anterior a la Revolución del 52. Es un sofisma,  el sostener que la colectividad boliviana no haya sufrido transformaciones desde entonces. Es más, en reiteradas ocasiones pareciera que los pensadores afines al MAS han dado a entender (e.g., cuando tematizan a los 500 años de explotación) que nuestra sociedad es la misma desde la era precolombina, y esa es la identidad que se debería perseguir. El intento de forzar una identidad política y cultural de pensamiento único es artificial y absurdo.

En el año 2009, Alex Baur, columnista de la revista Weltwoche, criticó este aspecto: “Con la glorificación de la herencia indígena, Evo Morales se basa en la falsificación histórica que muchas dictaduras militares nacionalistas usaron en el anterior siglo. Pero es que hoy día, los Incas tienen para Bolivia la misma relevancia que los Galos tienen para la Francia actual”.

En días pasados, tuve la oportunidad de ver la transmisión televisiva de los escasos integrantes de la etnia “yuracaré-mojeño” durante la marcha que realizaron en dirección a la ciudad de Santa Cruz. Más impresionante que los improvisados arcos de deficiente construcción que llevaban consigo, fueron la vestimenta y la adecuada capacidad comunicacional de estos. Se los podría haber confundido con cualquier transeúnte de la capital departamental. Es indudable, los marchistas eran mestizos, como todo boliviano.

La sociedad boliviana actual, la del nuevo siglo, no corresponde a la visión obsoleta del presidente Morales y del Masismo. La comunidad boliviana es una de mestizos, en la cual no importan el origen, apariencia o raza, sino el rendimiento y el éxito. La representación política fundamentada en el origen étnico no debería tener validez alguna.

Siendo el partido oficialista un ferviente creyente del Socialismo, en el cual la igualdad está por encima de la libertad, resulta contradictorio observar que este promueva desigualdad política. Con un artificio bastante sofisticado (la creación de nuevas etnias indígenas), algunos de los llamados oprimidos por el sufragio censitario del pasado, han sido convertidos en electores muy privilegiados.

El objetivo de alcanzar igualdad política para todos los bolivianos, nuevamente ha fracasado. Solo se puede advertir una traslación del poder en favor de ciertos grupos civiles (no étnicos), es decir, solo se ha intercambiado la identidad de los opresores y de los oprimidos.

autor : Marcelo-S.Dabdoub
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