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Internacional
Editorial
La reconquista de América Latina
Jueves,  24 de Marzo, 2011

La visita del presidente de Estados Unidos, Barack Obama a América Latina no podía ser más oportuna, además de haber sido rodeada de ciertos eventos totalmente circunstanciales que favorecieron la imagen del país más poderoso del planeta, venido a menos por la grave crisis financiera que estalló el 2008 y por las dos guerras fallidas que mantiene en Irak y Afganistán.

La encargada de abrirle las puertas del continente a Obama, ha sido nada menos que una ex guerrillera marxista convertida en la primera presidenta de Brasil, Dilma Rouseff, anfitriona del más cálido recibimiento que le hubieran hecho a un mandatario norteamericano en la historia de la región. Curiosamente, en El Salvador, también fue acogido por un gobierno de raíces guerrilleras, pero que al llegar al poder de la mano de Mauricio Funes, decidió desembarazarse de las influencias extremistas y sobre todo, de la sombra de Hugo Chávez, a quien le puso freno desde el primer día de su mandato.

Precisamente, la visita de Obama se produce en el momento de mayor declive de la influencia chavista en la región y cuando todos los países que optaron por el camino bolivariano están atravesando graves problemas económicos, de corrupción y desabastecimiento y enfrentan al mismo tiempo, fuertes sospechas de complicidad con el narcotráfico. Justo cinco años después de aquel mayúsculo acto antinorteamericano que organizó Chávez en Mar del Plata, Obama viene a reivindicar la presencia de su país en América Latina y lo hace con una vigorosa fuerza moral ya que todos sus detractores están mordiendo el polvo del fracaso o van camino a él.

El que pretenda buscar en la visita de Obama motivaciones económicas se equivoca, pues se ha tratado de la búsqueda de un reposicionamiento político de Washington en el continente, que había sido alejado de su influencia, por la acción de regímenes populistas de connotado acento antiestadounidense. Se trata de un relanzamiento, una reconquista de un terreno perdido. Este retorno, como dijimos, ocurre mientras se terminan de despedazar los proyectos políticos de izquierda que resurgieron por la influencia del decrépito modelo cubano que alcanzó a mostrar sus últimos signos vitales gracias al respirador artificial que le proporcionaron los petrodólares venezolanos. Y se produce también cuando en América Latina comienzan a abundar los ejemplos que reflejan el éxito que supone la combinación de democracia y libre mercado, casos de Chile y Brasil, dos países que Obama puso como modelos para el mundo, aunque lo mismo podría haber dicho de Perú, Costa Rica, República Dominicana e incluso de El Salvador.

La cereza en la torta para Obama fue lo de Libia, guerra en la que ha ingresado casi a regañadientes (con los frentes de Irak y Afganistán estaba por demás) y después de intensas rogativas de las naciones europeas, las que antes de lanzar el primer cañonazo sobre territorio libio, recurrieron a la ONU, a la Liga Árabe y a Sancho, Pedro y Martín para obtener su aprobación y seguir todos los pasos que requiere el derecho internacional. Esto despeja cualquier duda sobre el liderazgo mundial que sigue teniendo Estados Unidos, que ahora trata de ejercer sin hacerse fama del “malo de la película”. Ahí la tenemos a Dilma Rousseff reafirmando ese posicionamiento de Washington a través de súplicas para que le dé su apoyo a Brasil para ocupar un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Obama viene a reivindicar la presencia de su país en América Latina y lo hace con una vigorosa fuerza moral ya que sus detractores están mordiendo el polvo del fracaso .

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