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Internacional
Unidos ante la tragedia
Editorial
Jueves,  3 de Marzo, 2011

La tragedia que viven miles de familias paceñas, cuyas viviendas se derrumbaron como castillos de naipes, ha sido el único factor que finalmente ha sacudido a los líderes de este país y los ha obligado a dejar a un lado sus diferencias políticas y sus rencillas, para abocarse a las tareas de socorro y a la coordinación de las iniciativas solidarias, que afortunadamente están surgiendo a raudales en el seno de la ciudadanía, como siempre ha sucedido en este tipo de situaciones.

La clave de la clase política hoy, está en seguir el nervio fraternal de la población que rápidamente se ha movilizado para tenderle la mano a esos compatriotas que lo han perdido todo y que tal vez estén mirando el futuro con desesperación. Con este año ya son cinco las gestiones difíciles que le toca afrontar a Bolivia, azotada sin piedad por desastres naturales que se han llevado vidas humanas, cosechas, viviendas y millonadas en pérdidas que para muchos son irrecuperables.

Desafortunadamente, como también han sido cinco años de nada más que política y acumulación de poder, ninguna de las instancias estatales ha sabido afrontar con idoneidad las emergencias, y menos aún, con un Gobierno central tratando de imponerse a codazos, apelando a la demagogia en lugar de la coordinación de esfuerzos y en todo caso, dejando las cosas en manos de la improvisación, de las promesas incumplidas y de la ineficiencia. Justamente hoy, con la crisis alimentaria, se están pagando varios años de desatención y de indiferencia con a los agricultores y ganaderos –chicos y grandes-, que lo perdieron todo en esta sucesión de inundaciones y periodos de sequía que han ido alternándose durante el último lustro.

Tal vez con la tragedia de La Paz, que no debería esconder lo que está ocurriendo en otros tres departamentos, donde hay más de doce mil damnificados por las lluvias y decenas de miles de hectáreas de cultivos afectadas, las autoridades nacionales aprendan la lección y se entreguen por completo a una población desilusionada e incrédula, en un clima de unidad, de coordinación y de sinergia.

Lo ocurrido en la sede de Gobierno, donde todavía se está moviendo la tierra y amenaza con extender aún más la destrucción, requiere de un gran esfuerzo coordinado entre el Gobierno central y el Municipio, pues además de atender la emergencia, se necesita buscar una solución definitiva a una ciudad que se cae a pedazos por la falta de planificación y el cumplimiento de normas de edificación. La salida no pasa por ofrecer a bocajarro la reconstrucción de viviendas o la adjudicación de planes habitaciones que no se van a cumplir (porque eso es lo que ha ocurrido en los últimos años con los inundados), sino la de pensar en cómo evitar que se produzca otro evento como éste, cuyo efecto no es otro que empobrecer aún más a los bolivianos.

En el caso de los que desastres que han vuelto a golpear los cultivos, el Gobierno no puede volver a hacerse el desentendido, pues estamos a las puertas de una grave escasez de alimentos que puede ser aún peor después de este periodo tan dramático. Unidos y manos a la obra, debería ser la consigna de todos, no sólo para salir del atolladero de las encuestas y la crisis social, sino para de esa manera ir superando problemas que han sido desatendidos en los últimos tiempos.
 

En cinco años de pura política y acumulación de poder, ninguna instancia estatal supo afrontar las emergencias, y en todo caso, dejando las cosas en manos de la improvisación y las promesas.

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