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Internacional
Miserias mentales
Editorial
Jueves,  21  de Enero, 2010

Un voluntario mexicano celebraba con la euforia de un hincha de fútbol el rescate de una anciana de 70 años, una semana después del terremoto que destruyó la capital de Haití. La alegría fue compartida con el grupo de rescatistas de Sudáfrica que también participaron en la acción, considerada una verdadera hazaña, un milagro, en realidad.
La Voz de América (VOA), el medio de comunicación oficial del Gobierno de Estados Unidos resaltaba ayer la labor de los cerca de 500 médicos cubanos que están haciendo labor humanitaria en Haití, aunque todos saben que de Cuba nadie sale sin la misión de llevar por delante la fotografía del Che Guevara y los trillados principios de la Revolución.
No ha habido país en el mundo que se haya quedado de brazos cruzados frente a la catástrofe que sufre el pueblo haitiano, que tiende a agravarse por la amenaza de un estallido social ante la falta no sólo de alimentos y de asistencia médica sino por la ausencia de un factor de cohesión y de organización de millones de personas que pululan por las calles sin rumbo y sin control, con el riesgo de llevar la situación hacia un grado de primitivismo elemental. “Está despertando el Leviatán”, decía el representante de una organización internacional, refiriéndose a la bestia mitológica con la que se definió a las sociedades que atraviesan un estado salvaje.
Gran parte de los problemas posteriores al terremoto de Haití han sido ocasionados por la falta de coordinación y de capacidad de los organismos internacionales para canalizar la ayuda que ha llegado hasta el aeropuerto de Puerto Príncipe. La ONU se ha declarado insuficiente y la OEA de Miguel Insulza, que movió cielo y tierra para restituir a Manuel Zelaya en su puesto en Honduras, ha sido uno de los desaparecidos en esta emergencia.
A la creciente inseguridad en la que se sumerge la zona de la tragedia (hasta los cascos azules bolivianos se han visto obligados a reprimir los saqueos) se suma –como dijimos-, la incapacidad de distribuir los suministros que se han acumulado en las pistas de aterrizaje. La mayoría de los países que han colaborado, tal como lo ha hecho Bolivia, han dejado su carga en los depósitos y lo más necesario ahora es proporcionar logística y recursos humanos para llegar hasta los más necesitados.
En ese contexto, las fuerzas armadas de Estados Unidos han tomado el liderazgo no sólo en la coordinación de la ayuda, sino también en establecimiento de un orden que evite que los haitianos terminen devorándose unos a otros. Este papel ha sido elogiado por la ONU, por la gente de Haití y también por gobiernos que podrían haberse portado susceptibles ante este protagonismo norteamericano, como Francia o Brasil.
Este trabajo, sin embargo, no ha sido bien visto por el Gobierno de Bolivia que ha pedido el retiro de las tropas norteamericanas, demanda que refleja una estrechez mental que por supuesto, no se compara con la de Hugo Chávez, que ha llegado a culpar a Estados Unidos por el terremoto. No se trata de salir en defensa de un país que tal vez se ha ganado cierta fama, pero seguramente la situación que atraviesan millones de seres humanos no se presta para estas posiciones que ponen por delante el resentimiento y la necesidad de demostrar una constante hostilidad, aún en estas tristes circunstancias.

La catástrofe social que atraviesa Haití no debe ser aprovechada para hacer política y menos para entorpecer la reacción mundial.

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