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Internacional
Editorial
Nuevas reformas para América Latina
Miércoles,  25 de Octubre, 2017

El presidente argentino, Mauricio Macri, acaba de recibir un espaldarazo de la población que le garantiza no solo la estabilidad de su Gobierno, amenazado constantemente por el “golpismo” peronista que en los últimos 70 años no ha dejado terminar su mandato a ningún jefe de estado opositor. El formidable golpe de urna producido el domingo a favor de Cambiemos, le da el aval para iniciar una serie de reformas políticas y económicas que vayan más allá de los “parches” que ha ido poniendo para superar el desastre que dejaron 12 años de hegemonía populista.

Sin lugar a dudas, todos los ojos del mundo y de América Latina estarán puestos sobre Argentina, que se convertirá en una suerte de laboratorio de los cambios que necesita aplicar el continente con el objetivo de superar viejos problemas que persisten y se agudizan independientemente de las condiciones económicas y políticas. La última década ha sido histórica por el nivel de ingresos de los países de la región y las cosas siguen igual, pese a las grandes transformaciones efectuadas por regímenes de corte popular que supuestamente debían superar las debilidades de la democracia liberal que asumió el poder a partir de los años 80 y que entró en crisis a principios de este siglo. 

La última vez que se aplicaron reformas estructurales en América Latina fue justamente cuando se iniciaba el nuevo periodo democrático, posterior al auge de las dictaduras militares. Surgieron al calor de las grandes debacles económicas ocurridas en casi todos los países, con procesos hiperinflacionarios que dejaron a los países muy debilitados y al borde de la inviabilidad.

Por iniciativa de la comunidad internacional, de los organismos internacionales y de líderes de talla mundial, surgió el consenso de Washington que derivó en una serie de recetas como la privatización, las reformas laborales, el achicamiento del Estado y la apertura de los mercados. Pese a toda la mala prensa que tuvieron estos cambios, nadie puede dudar que ayudaron a ordenar los países y a evitar nuevas hecatombes como las de los años 80. En todo caso, los nuevos desastres, como el de Venezuela y en menor medida, Brasil y Argentina, han sido producto de la intervención de los líderes populistas que enfatizaron el estatismo, el centralismo y otros modelos que deben ser superados.

De hecho, y si bien Macri no ha especificado cuáles serán las reformas que llevará adelante, al menos ha dicho que Argentina debe caminar hacia un federalismo en serio, pues está demostrado que el único progreso posible, equilibrado e integral, como el que han logrado las naciones europeas más desarrolladas, es a través de una genuina descentralización y la promoción de los gobiernos locales e intermedios. Eso implica el achicamiento del Estado, la institucionalización y modernización, aspectos básicos de la competitividad, concepto entendido como la capacidad de un sistema de atender y resolver problemas que por hoy resultan prácticamente imposibles de enfrentar. 

Los ojos del mundo estarán puestos sobre Argentina, que se convertirá en una suerte de laboratorio de los cambios que necesita aplicar el continente con el objetivo de superar viejos problemas que persisten y se agudizan independientemente de las condiciones económicas y políticas.

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