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Internacional
Tribuna
No volver al pasado
Sábado,  30 de Julio, 2016

En el mundo contemporáneo no se puede convivir con charlatanes, falsos profetas, agoreros, demagogos e ideólogos que supuestamente representan la alcurnia y clase pensante del pensamiento ideológico. En el presente y futuro, se observará un mundo lleno de estadísticas y números interconectados que medirán cualquier situación, y hará que se abstenga de los ideólogos que seguirán tratando de justificar ideológicamente lo que pretende hacerse.

Los circunloquios y merodeos retóricos con el tiempo, formarán parte de otra época donde la realidad no era medible. El error de los ideólogos, es que son conservadores acérrimos porque buscan entender la realidad desde su única visión absoluta manipulándola en cierta forma para que se adecue a su forma de pensar. No se puede reducir el potencial epistemológico con el cual ampliamos el horizonte. Hay que salir de la época de los corsarios del pasado porque en pleno siglo XXI debe irradiar la paz, la solidaridad, la fraternidad. Debe hacerse un sesgo a discusiones cavernarias y sin sentido, a dogmas irracionales y superfluos.

El mundo actual se mueve al mismo ritmo que lo mueven los intereses económicos, las relaciones de poder y la contaminación execrable por las ansias de enriquecimiento a costa de la pobreza de otros. Tenemos que desacralizar muchos ideales absolutos porque para otros son relativos, así como despojarnos de ídolos, creencias y dogmas al mejor estilo de los supersticiosos. Tenemos que tener una mente abierta, capaz de asimilar nuevas visiones de la realidad circundante en que vive el ser humano y, dejar atrás la caparazón de un pasado irremediablemente agotado. Es verdad, que hay que conocer el pasado para comprender mejor el presente pero proyectado hacia el futuro. Sin embargo, cada momento hay que vivirlo al máximo pero, dentro de las reglas sociales y bajo el imperio de la legalidad. (Carpe Diem).

No podemos ser feliz viajando hacia la nada. Hay que darle un sentido a nuestra existencia. No se debe hacer retazos la bonanza económica, generada con los recursos petroleros que ha generado corrupción en casi todos los gobiernos del mundo y sus acólitos testaferros. No se puede hipotecar un país con deuda externa ampulosa e impagable y, que con el transcurso del tiempo generará la dictación de medidas económicas que acelerarán la pobreza y el encarecimiento de los artículos básicos de la canasta familiar.

No debe colapsarse y borrarse la institucionalidad de la administración de justicia y convertir a los jueces y fiscales en cancerberos serviles y secuaces del poder político y económico porque se envilece la función pública judicial. No podemos continuar, sobre todo en los países latinoamericanos, con un sistema de salud siempre en desgracia, bancarrota y confrontación, con paros y huelgas que dicen mal de uno y otro y, donde el perdedor y más afectado es el pueblo. No se puede retroceder del siglo XXI al XX porque sería ilógico y una trágica ironía del destino. No se debe desmantelar las esperanzas de un mundo mejor.

Hay que dictar medidas económicas que fortalezcan el aparato productivo y la economía nacional. Pareciera ser que los gobiernos huyen hacia adelante pero sembrando corrupción, miseria y hambre en el camino, con su secuela de confrontación y disgregación social. Cuando se reconoce que no hay la capacidad para conducir un país, conscientemente hay que tener la suficiente hidalguía y valentía de dar un paso al costado y la oportunidad de que otros  más aptos sean los que dirijan y conduzcan la nave del Estado.

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Pablo Gutiérrez Urgel
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