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 22 de Septiembre de 2018
Internacional
Miradas
La pluralidad periodística
Jueves,  14 de Julio, 2016

La función periodística es loable y extremadamente ardua. A veces es vulnerada por aquellos sátrapas pendencieros y nerónicos del poder que por malagüero acusan a diestra y siniestra la voz angular de los periodistas que se constituyen en la voz del pueblo. En algunos países latinoamericanos, por mal uso y abuso del poder político, se ha empezado una cacería de brujas contra los periodistas que no son sumisos y que se animan valientemente a denunciar hechos de corrupción de los “colgandijos” de algunos malos funcionarios de gobiernos determinados y, que no comulgan con los secuaces que ostentan el poder transitorio a capa y espada, como el varón enmascarado y vestido de negro con la espada de la muerte.

Muchos pseudos políticos de pacotilla se consideran ficticiamente la atalaya y único poder supremo piramidal que no aceptan críticas constructivas u observaciones a erradas políticas públicas sociales. Solo quieren escuchar elogios valiéndose incluso, de la amenaza y presión psicológica o judicial para silenciar a los periodistas que merecen  todo el apoyo y respeto a su trabajo, que no se vulneren sus derechos ni que se los calumnie y apliquen con ardid leyes que no corresponden al caso en conflicto. El verdadero periodista es aquél que no enajena sus plumas al servilismo de los gobiernos o busca oscuros intereses con pingües ganancias económicas de por medio.

Los buenos y respetables periodistas son los que más dicen la verdad sin incurrir en mentiras de las mafias políticas y organizadas del poder palaciego. Por eso, es que, con la espada de la verdad y trabajo constante se han granjeado el prestigio y crédito de la gente. La pluralidad es el verdadero espíritu del periodismo. De ellos deben aprender los políticos y jerarcas deleznables en sus funciones que les competen. La libertad de prensa, de pensamiento y expresión, con más luces que sombras representan la conquista, la independencia y el equilibrio de la autodeterminación.

El yin yang sostiene que en cada punto blanco existe uno negro y viceversa, pero, frente a todo ello, nadie puede acallar la voz de los periodistas, porque si fuera así ¡hay de vos pueblo! quién te hará escuchar y denunciar los abusos que padeces y que ejecutan algunos funcionarios cavernarios en función de gobierno, que consideran erróneamente una exasperada rebeldía la emancipación informativa de los gallardos periodistas que no se “venden” y mantienen su dignidad en su noble y peligrosa función ante los buitres de carroña que usurpan maliciosamente y restringen las garantías ciudadanas.

La política es servicio público de bienestar colectivo y no autoservicio en función a la vorágine de legitimación de ganancias ilícitas hurtando los impuestos que paga el pueblo. La libertad de prensa no súbdita del poder político, es garantía de la lucha consecuente en beneficio de la verdad y de un mejor oficio. No como los comparseros, adulones y supuestos suicidas políticos, que se hacen de “mentirilla” el harakiri japonés por sus venales acciones y engañosamente por un supuesto honor, se abrirán las venas de los brazos y las piernas al mejor estilo del filósofo Seneca.

Autovictimizarse es sinónimo de cobardía, de no confrontar la denuncia con pruebas que demuestren su inocencia y es tesitura de los granujas que se aprovechan de su “cargo” para amenazar a todo aquel que invoque la verdad y pide que sea más transparente la función gubernamental. 

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Pablo Gutiérrez Urgel
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