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Tribuna
Hay que dar un salto
Domingo,  25 de Octubre, 2015

Caminamos hacia el final del año litúrgico. El evangelio de este domingo es de Marcos 10, 46-50. Nos cuenta la historia de un ciego que habrá esperado ver y quizás haya dicho "veremos", y por fin, un día pudo ver. El nombre es Bartimeo. La curación del ciego simboliza el proceso que conduce a la fe. En diversos momentos hablamos de "la luz de la fe". De alguna manera es más que la luz misma; es la propia capacidad de visión.

Jesús le dice al ciego: "tu fe te ha salvado". El ciego queda curado. La fe nos hace "ver" la realidad profunda con respecto a Dios, al prójimo, también a uno mismo, a la vida. La fe no es cuestión de entendimiento o erudición en materia religiosa. La fe es la capacidad de detectar la mano de Dios en los acontecimientos, la manera cómo cada uno se larga a caminar, aunque sea en la penumbra, con la certeza de que es el camino justo y con la seguridad que no hay otro que conduzca a la Vida.

El ciego de Jericó llamado Bartimeo era un mendigo. En aquel tiempo, el ciego en general estaba prácticamente sometido a la mendicidad. El ciego es todo un símbolo del no vidente espiritual de siempre. El que no ve con los ojos interiores, especialmente de la fe, no puede dar, solamente puede recibir. Solo puede extender su mano para pedir ayuda. Bartimeo estaba a la vera del camino. Está marginado, podríamos decir. Tiene miedos, sobre todo, el de tropezar y caerse al suelo. Así, nosotros si queremos averiguar nuestra cegueras espirituales, será necesario fijarnos si hay algún camino que no nos animamos a recorrer aunque sabemos que es parte del itinerario que el Señor nos ha determinado.

La curación de los ciegos es algo de lo que nos hablan los cuatro evangelios. Es que resulta uno de los signos más expresivos de la salvación que el Mesías haría cuando viniera. Así nos lo presentan varios de los profetas del Antiguo Testamento. Hay personas que gozan de una buena vista física, pero se puede decir que están ciegas espiritualmente. Esa parece ser la intención de que Marcos sitúe este milagro en medio de otras escenas que subrayan la incredulidad de los judíos y la cabeza dura de los apóstoles, en cierta forma nos podemos sentir representados en Bartimeo.

En diversas ocasiones me he encontrado con personas que me han dicho: "ya no tengo fe", "no creo", "no sé si creo o no", “no estoy seguro de nada...” a los que pasan por algo parecido, les invito a pensar, orar y reflexionar. Hagan un alto en el camino, dense tiempo para sí mismos, entrando en su interior. Busquen dentro de ustedes mismos que les ha pasado, qué han hecho y qué han omitido en sus vidas. Den el salto de entrar dentro de ustedes y procuren sentir al Dios de la Vida que late en sus corazones. Cierren sus ojos físicos y ábranlos a su interior. Dejen que Dios les hable. Hagan la experiencia. Confíen en ustedes, den el salto de la fe. No se queden en sus experiencias humanas.

Sin darse cuenta, por la inercia espiritual, por la dejadez u por otras causas, "sin querer, queriendo" muchos cristianos han llegado a circunstancias como las señaladas más arriba. Han abandonado el alimentar y hacer crecer la fe. Así que la fe se va extinguiendo cuando no la alimentamos, la cuidamos, A veces puede haber razones que podemos entender cómo se ha llegado a esta situación espiritual. Pero hay algo evidente, el que no alimenta su fe, la pierde. Tenemos que darnos cuenta y convencernos a nosotros mismo que la fe se disminuye o se pierde cuando no la protegemos.

A no pocas personas les ha sucedido que la fe de niños se les ha quedado corta, como los trajes de primera comunión. Por ello, considero algo normal que la religión infantil no les sirve ahora para dar sentido y consistencia a su vida de jóvenes o adultos. Si ahora quieren una fe adulta, tendrán que dejar a un lado los esquemas y planteamientos infantiles y aprender a creer de una manera más responsable. Tienen que recordar que para aprender hay que desaprender. Las cosas que les están sucediendo hay que compartirlas con un buen director espiritual.  Desde el papa Francisco, todos los bautizados debemos cuidar y formar nuestra fe. Por ello, en primer lugar, les invito, hermanas y hermanos, a orar. Hoy hay una súplica muy sencilla del ciego. "Señor que vea" y, a leer la Palabra de Dios, reflexionándola cada día.

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Jesus-Perez-
Jesus Perez
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