Siguenos en:
Domingo
 18 de Noviembre de 2018
Internacional
Mirando al mundo de hoy
Domingo,  19 de Julio, 2015

El domingo pasado leíamos el pasaje del evangelio de Marcos que nos narraba el envío de los doce apóstoles a anunciar la Buena Noticia.  Enviados a una tarea pastoral, la más hermosa de las tareas, preparar a la gente para que reciba a Jesús que habría de visitar esos pueblos y barrios. Los doce no tenían mayor formación que la mayoría de los cristianos de hoy, pero sí tenían la vivencia, la experiencia de haber vivido con Cristo. Esa experiencia es más importante que los contenidos doctrinales. ¿Cómo hablar de Jesús sin reconocerlo como Señor y pastor de nuestras almas? También, ¿cómo no hablar de Jesús si nos hemos encontrado con Cristo?

Hoy, el evangelio de Marcos, se inicia narrando el regreso de los doce apóstoles  después de aquella primera experiencia pastoral. Vuelven satisfechos y cuentan a Jesús “todo lo que habían hecho y enseñando” Viendo Jesús que los  apóstoles están cansados, los invita a compartir un  tiempo de descanso y de revisión de la tarea realizada. El evangelio dice que los apóstoles “no encontraba tiempo ni para comer”.
Los planes de retiro y reposo  fracasaron  por la llegada de una gran multitud a los lugares donde se habían ido, una multitud ávida de  ver a Jesús, escuchar sus palabras y recibir los beneficios del maravilloso poder que salía de Él. Al ver a toda esa gente, Jesús se conmueve y el evangelista nos dice “porqué eran como ovejas sin pastor y comenzó a enseñarlos”.

Con frecuencia vivimos en la Iglesia con motivo de nuestras fiestas religiosas, aglomeraciones masivas, como también sucedió en la visita del Papa... Este fenómeno religioso de masas, sin duda, es un acontecimiento que acerca a muchas personas a Dios y a la Palabra de Dios. Es un hecho que nos alegra, el ver tanta gente  en nuestras fiestas religiosas, que se despierte la fe viva y un mayor seguimiento de Jesús. Pero hemos de tener mucho cuidado para no quedarnos en un triunfalismo  religioso de masas. La fe exige mucho más que una simple participación coyuntural en una fiesta religiosa.  

Mirando al mundo de hoy, Jesús sigue teniendo motivos para compadecerse, pues son muchos los cristianos que andan como ovejas sin pastor. ¡Cuántos cristianos desorientados! Cristianos que viven dispersos sin saber para que viven, cada uno  por su lado sin formar comunidad, cristianos desprotegidos ante los problemas que nos asechan por todas partes. Cuántas familias disgregadas, que viven bajo un mismo techo, pero sin metas comunes. Hay todo un mundo donde las mismas palabras llegan a tener sentidos diametralmente opuestos. La dictadura del relativismo ha invadido el mundo.

Por el bautismo hemos sido constituidos miembros del pueblo santo de Dios. Tenemos  el don de la fe. Compartimos una sola fe. ¡Qué maravillosa la explicación que nos hace el apóstol Pablo con el símil del cuerpo humano! El Vaticano II, nos  dice cuál es la naturaleza de la iglesia, al llamarle “pueblo de Dios”. Y para definir  a la Iglesia no parte de la jerarquía, sino de la base, de la congregación de los creyentes en Cristo. El pueblo tiene por cabeza a Cristo.  

Cristo es el Buen Pastor pero también  él  es el Maestro. Todos  aquellos  que  fueron corriendo desde lejos, sin duda que estaban hambrientos, era necesario darles de comer, pero Jesús quiso primeramente darse un tiempo  para  instruirlos en las enseñanzas del Reino. Porque si es importante  dar de comer, no menos importante era necesario formarlos en la fe. Los cristianos, no pocos se han olvidado  su formación, o sea, de  alimentar sus vidas  con  la Palabra de Dios.

Jesús ha venido a  salvarnos, pero la salvación que Dios quiere no debe ser aisladamente. La salvación y redención realizadas por Cristo muriendo en la Cruz y saliendo triunfante del sepulcro se efectiviza con la participación en los sacramentos. Los sacramentos son signos eficaces de la gracia, de la vida divina. Pero junto a los sacramentos  está la Palabra de Dios.  Así como actuó Cristo debemos actuar nosotros. No podemos contentarnos con una masa anónima, una comunidad acéfala y sin jerarquía, pues entonces seríamos un rebaño sin pastor. Por eso Jesús instituyó pastores dedicados al servicio de la Palabra y de la administración de los sacramentos. Jesús no sólo escogió a los doce apóstoles, sino que llamó setenta y dos discípulos para que fueran colaboradores en el anuncio del Reino. Dios nos sigue llamando hoy día a colaborar en crecimiento del Reino de Dios.

 

Acerca del autor:
Jesus-Perez-
Jesus Perez
Notas Relacionadas
©2016 Diario El Día Santa Cruz - Bolivia, Dirección: Av. Cristo Redentor, KM 7 zona ”El Remanso” - Teléfono piloto: 3-434040 Fax Comercial y Publicidad. 3-434781 - Fax Redacción 3-434041 - email: eldia@eldia.com.bo  |  Acerca de El Día