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Internacional
Tribuna
Puñaladas de Washington a Seúl
Sábado,  7 de Marzo, 2015

La reciente visita de Benjamín Netanyahu a Estados Unidos, probablemente la última de su actual periodo como Primer Ministro de Israel, marca un punto de inflexión en las relaciones entre ambos países, hasta ahora herméticas y permeables, tanto a las tensiones políticas internas como a cualquier presión internacional. Netanyahu  llegó, a contrapelo de todo protocolo y precedente diplomático, sin la aceptación oficial del gobierno americano y respondiendo a la simple invitación del jefe de la Cámara Baja del Congreso Americano, el republicano John Boehner. Técnicamente hablando, nada fuera de las atribuciones del anfitrión pero sin duda por completo al margen de las formalidades diplomáticas de rigor, algo que la especialista en política exterior Elizabeth Cobbs Hoffman calificó sin vueltas de "inconstitucional".

El objetivo claro de republicanos y judíos fue motivar al Congreso a vetar el resultado de las negociaciones que Washington sostiene con Teherán sobre su programa de armas nucleares. Y si se tratara solo de la política interna o de la relación entre ambos países, se la podría calificar de "jugada de pizarrón". Sin embargo la relación EEUU-Israel tiene implicancias diplomáticas que rebasan lo bilateral, lo que convierte a esta invitación en una decisión estratégica que  compromete el ya debilitado liderazgo internacional de los EEUU. Fue una visita que obligó a unos y otros a poner de manifiesto su mutua inconformidad con la política de los jefes de estado de ambos países. El resultado: Una disertación ante las dos cámaras del Congreso, que tradicionalmente es una señal de la inquebrantable unidad entre Estados Unidos e Israel, le envió al mundo un mensaje del debilitamiento de esa alianza, en un momento crítico de la política exterior en Medio Oriente.

Las señales no pudieron ser peores: Netanyahu criticó desde el mismo Congreso la política exterior de Obama con Irán y la bancada demócrata se ausentó del foro congresal para no escuchar al premier israelí, además de descalificar sus expresiones como "ausentes de alternativas". La cosa no para ahí: Siendo que la visita no tuvo consentimiento de la Casa Blanca, Obama jamás recibió a Netanyahu y ni siquiera asistió a su disertación, la cual declaró "No haber podido escuchar debido a asistir a la misma hora a una videoconferencia sobre Ucrania". Hasta ahí los mensajes que dejó el evento.

Queda esperar el impacto que tendrán en el marco de la reunión sobre armas nucleares que sostienen EEUU e Irán este mes, o la manera cómo reaccionarán las facciones radicales de Medio Oriente y ciertos gobiernos en Latinoamérica, a estas señales que analistas consideran equivalentes a "desangrarse en aguas de tiburones". Asistí al foro de la AISEC en el Washington Convention Center donde 16 mil judíos americanos recibieron y escucharon a Netanyahu, el día previo a su informe ante el Congreso.

El operativo de seguridad fue impresionante, excesivo en mi criterio. Y sin embargo, un día después tuve que admitir que Netanyahu estaba consciente de los posibles riesgos y consecuencias de su proclama en Washington, cuando el embajador de EEUU fue acuchillado en pleno centro de Seúl por un extremista pronorcoreano. Creo que el partido republicano ha jugado una carta muy riesgosa al apostar a modificar un equilibrio político interno que le ha sido adverso, al costo de enviar un mensaje de crisis de bloque a un conflictuado escenario internacional.

*Exasesor del Senado Nacional

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Erick-Fajardo-Pozo-
Erick Fajardo Pozo
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