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Enfoque Internacional
Lecciones de Chicago para América Latina
Sábado,  20 de Octubre, 2012

Chicago –el tercer distrito escolar más grande de EEUU-   generó grandes tensiones algunas semanas atrás, cuando el alcalde Rahm Emanuel se enfrentó con los sindicatos docentes en relación a una serie de propuestas de reforma educativa. Este debate, mientras capturó la atención nacional en medio de un año de intensa campaña electoral, también presenta algunas lecciones interesantes para los esfuerzos reformistas educativos  en particular en América Latina.

El hecho de que Emanuel sea una figura prominente del Partido Demócrata, y exjefe de gabinete del Presidente Obama solo amplifica las repercusiones. A su vez, en plena campaña electoral, enfrentar a los sindicatos de maestros, sólida base votante del partido demócrata, generaba una difícil situación para el Presidente, que también ha alentado la reforma educativa durante su Administración.

Emanuel, como otros alcaldes reformistas de grandes ciudades, ha demandado un ciclo lectivo más largo y jornadas escolares extendidas, evaluaciones docentes y consecuencias reales en términos de contratación y reemplazo. El Gremio de Docentes de Chicago (CTU, por sus siglas en inglés), por otro lado, se opuso al sistema de evaluación y de remuneración por mérito, y argumentó a favor de instaurar incrementos salariales y mayores contrataciones de personal para cubrir las jornadas extendidas.

Hasta aquí la situación en Chicago, ¿pero qué podemos aprender en América Latina?.

En primer lugar, Chicago resalta la importancia de evitar que la reforma educativa se convierta en un tema estrictamente partidario, porque los niños no pueden esperar para mejorar sus habilidades e incrementar sus chances de encontrar un trabajo en una economía altamente competitiva. Rahm Emanuel se ha convertido en un ejemplo de tratar la reforma educativa como un tema de estado, sin importar que ofenda las bases de su partido.

En segundo lugar, está cada vez más claro que mientras la pobreza y los factores socioeconómicos influyen de modo decisivo en el desempeño estudiantil, no debemos usar esas realidades –presentes en Chicago tanto como en cualquier otro país de América Latina- como una excusa para retrasar el avance en la reforma. Los docentes son fundamentales para determinar la calidad del aprendizaje estudiantil, aún en los ambientes más desventajosos. Como Nicholas Kristof escribió en el New York Times, “existe sólida evidencia de que hay enormes diferencias en la efectividad de los docentes, aún dentro de escuelas muy pobres”. Los docentes efectivos merecen ser recompensados, y los directores necesitan tener mayor influencia en las decisiones sobre el personal de sus escuelas.

Y para determinar el impacto de los docentes, se necesitan mejores evaluaciones. De ahí una tercera conclusión: los puntajes de los alumnos y su desempeño son importantes a la hora de medir la calidad de la enseñanza. El valor del maestro reside en su contribución al aprendizaje. El vínculo entre ambos es quizás el punto más importante del sistema educativo, pero a pesar de ello un registro sólido de esa conexión está casi completamente ausente en la mayoría de los países latinoamericanos.

Los sistemas educativos deben enfocarse en los alumnos, no en los adultos que la administran. En América Latina, necesitamos reenfocar el debate sobre los estudiantes y ya no en los maestros, los funcionarios públicos o la coalición gobernante. Los estudiantes latinoamericanos están en el último tercio de las pruebas PISA de la OCDE, lo que significa que a las actuales generaciones de alumnos les será más difícil competir en el siglo 21. Esta es la crisis que debe motivar la discusión educativa.

Chicago puso en evidencia también las responsabilidades de los diferentes protagonistas del sistema educativo. Emanuel admite que los gremios tienen derecho a defender los salarios de sus miembros y asegurar condiciones de trabajo favorables. Pero eso no significa que su responsabilidad deba extenderse a definir los currículos, crear sus propios sistemas de evaluación o determinar el nivel de injerencia del sector privado. Este es un problema común a América Latina, donde los sindicatos se han vuelto jueces y jurados en cualquier política de educación.

La disputa en Chicago demuestra que la mejor manera de elevar la calidad educativa es que el gobierno, los docentes y los padres trabajen juntos y no enfrentados. En palabras de Wendy Kopp, fundadora de Teach for America, “para transformar el sistema de educación pública de EEUU, todos necesitamos cambiar. Lo que está en juego es demasiado alto para que sigamos peleando entre nosotros”. Está claro que esto mismo es todavía más cierto en América Latina.

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Gabriel Sánchez Zinny
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