Siguenos en:
Jueves
 15 de Noviembre de 2018
Portafolio
El tacú de papel
Los extremos se tocan
Martes,  5 de Abril, 2011

Los grandes armamentistas dicen que la paz es la preparación de la guerra. Los hechos parecen darles toda la razón. Hoy arde África y los cielos del mundo árabe están cubiertos del humo de las bombas lanzadas a objetivos militares y civiles. Los que antes eran revolucionarios o progresistas son tildados de dictadores o de usurpadores del poder popular, mientras que los conservadores del ayer se muestran hoy como paladines de la democracia y defensores de la ley y la justicia. Louis Pawels y Jacques Bergier dirían al unísono que eso significa que los extremos se tocan, que es verdad que todo es arriba como es abajo, y que la izquierda y la derecha en política es cuestión de enfoque.

A finales de la Segunda Guerra Mundial, Japón sufrió el efecto de sendas bombas atómicas lanzadas por Estados Unidos que devastaron Hiroshima y Nagasaki. Los japoneses sintieron hasta la saciedad y en carne propia lo que es la radioactividad, hasta el punto de identificar sólo la bomba atómica con la adioactividad. Décadas más tarde, habían desarrollado la energía nuclear con fines pacíficos y les iba muy bien hasta que un gran terremoto y un mayor maremoto hicieron trizas sus esfuerzos tecnológicos y sus grandes reactores. La radioactividad, como la libertad, una vez suelta hace temblar  al mundo, porque a pesar de ser tan adelantado científicamente, sigue siendo primitivo.

La libertad es la conciencia de la necesidad, afirman los filósofos. Pero el planeta está dormido e inconsciente frente a su propio destino. Mientras los olvidados de siempre se levantan en armas o ganan en las urnas, los que siempre lo tuvieron todo ven cómo el planeta se les va de las manos. Pero en esta histérica historia de la humanidad podemos ver a los olvidados de siempre luchando al lado de los que siempre lo tuvieron todo. Claro está que cada uno de estos bandos tiene un objetivo distinto. Sin embargo, cada uno sospecha que lo que quiere el otro es tomar para sí el control del mundo.

Entonces es cuando los valores y principios se pasan por alto. Llega un momento en que unos comienzan a hacer lo que antes criticaban al contrario. Los extremos se tocan. Los dictadores hablan de democracia y justicia, respeto y leyes. Los partidarios de la democracia claman por la muerte y el destierro. Por un extremo se llega al otro lado. Los extremistas saben bien cómo son esas fronteras que traspasan. Después no saben en qué bando actúan. Por eso la historia de la humanidad es una lucha constante de los contrarios que se transforman. Esa espiral que nos hace decir que los tiempos se repiten.

Amamos a la naturaleza y perseguimos el progreso. Pero la búsqueda del progreso está matando al planeta, y con él a los animales y a las plantas. También el ser humano se amenaza a sí mismo, consciente o inconscientemente. Recordemos que la alta industrialización aporta al calentamiento global y al Efecto Invernadero. Porque nada se hace sin que tenga efecto inmediato sobre el entorno. Es como la teoría del Efecto Mariposa, cuando se dice que el aleteo de una mariposa en Nueva York ocasiona un huracán en el Asia, por eso de los efectos en cadena.

Otros hablan del Efecto Dominó, donde las fichas se unen y caen una tras otra, hasta que al fin un extremo toca al otro.
 

Acerca del autor:
Fernando-Luis--Arancibia-Ulloa-
Fernando Luis Arancibia Ulloa
Notas Relacionadas
©2016 Diario El Día Santa Cruz - Bolivia, Dirección: Av. Cristo Redentor, KM 7 zona ”El Remanso” - Teléfono piloto: 3-434040 Fax Comercial y Publicidad. 3-434781 - Fax Redacción 3-434041 - email: eldia@eldia.com.bo  |  Acerca de El Día