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Economía
Tribuna
La pandemia agrava deforestación de la Amazonía
Jueves,  9 de Julio, 2020

La Covid-19 no solo mata gente. También tiene nefastos efectos colaterales en la preservación del  medio ambiente. La deforestación causada por los devastadores incendios de 2019 ha sido agudizada debido al impacto de la pandemia. Así, los gobiernos han apartado sus ojos del pulmón del mundo. Los procesos de monitoreo y control de las reservas forestales amazónicas se han  deteriorado debido a la falta de personal, transporte y recursos. Igualmente, compañías, inmigrantes, habitantes y ganaderos han incrementado la tala ilegal de bosques para el comercio de madera y la quema de árboles para extender las áreas cultivables. Los medios de comunicación tradicionales y las redes sociales cubren la pandemia, pero apenas mencionan la desforestación y otras acciones destructivas de la región.

Peor aún, los pueblos indígenas de las tierras bajas del Oriente, que han convivido por costumbre y por conocimiento con el bosque, están entre los más vulnerables por ambas amenazas: pandemia que los mata y  la degradación ambiental que acaba con sus territorios y culturas. Los incendios, a su vez, agudizan  las enfermedades respiratorias y la deforestación.  Increíblemente, el Decreto Supremo 3973 aprobado en el periodo de Evo Morales, que autorizó el uso de “quemas controladas” para ampliar el desmonte en los departamentos de Santa Cruz y Beni, sigue vigente con la total complicidad del actual gobierno de  Jeanine Añez. 

Debido al papel ecológico y geopolítico de la gran Cuenca Amazónica, el mundo sigue pendiente de  su destrucción. No es casual que 30 instituciones inversionistas internacionales que en su conjunto valen más de 3. 7 trillones de dólares en activos y beneficios financieros han enviado una carta a las embajadas brasileñas en diferentes países, incluyendo Noruega, Japón  y los Estados Unidos, destacando los riesgos financieros, operatorios y regulatorios para sus negocios, si la desforestación continua y, mano a mano, la violación de los derechos comunitarios de los indígenas en Brasil. 

El columnista del Financial Times, Bryan Harris reporta desde Brasil que los inversores alertan al Estado Brasileño a que detenga la destrucción de la Amazonía porque el aumento de la desforestación eleva  la incertidumbre y riesgo para invertir o proveer servicios financieros a empresas brasileñas.

La carta relata los recientes pronunciamientos del Ministerio de Medio Ambiente brasileño, quien utiliza la crisis de la Covid-19 para disminuir las regulaciones medioambientales, la protección de territorios indígenas y los derechos humanos en Brasil. "Como instituciones financieras, nosotros reconocemos el papel crucial que los bosques tropicales juegan en el abordaje del cambio climático, la protección de la biodiversidad y el aseguramiento de los servicios del ecosistema", decían las empresas signatarias de la carta.

El llamado a la acción es una creciente preocupación de  los inversores globales, quienes podrían perder sus negocios con la economía más grande de América Latina por presión de sus propios accionistas, si la administración de Jair Bolsonaro fracasa en frenar la destrucción ambiental.

Las compañías cuyos negocios, operaciones brasileñas y cadenas de subministro están vinculadas a la deforestación enfrentan mayores dificultades en el acceso a los mercados de consumo e inversiones  internacionales. La carta señala que la deforestación en la selva amazónica ha alcanzado fuerza en Brasil desde la elección de Bolsonaro, quien apoya la apertura de las tierras protegidas y los territorios indígenas para la actividad comercial, de una forma poco planificada sin beneficios para sus habitantes.

Sostienen que este año, una inmensa  área de selva fue arrasada por traficantes ilegales, mineros no autorizados del oro y ganaderos que realizaban  quemas para establecer pastizales. Todos ellos se  aprovecharon de la circunstancias de confinamiento de las autoridades e instituciones durante la pandemia del coronavirus, para cortar los bosques.

Los inversionistas que firmaron  la carta, aclararon: "Queremos quedarnos invirtiendo en las compañías brasileñas, pero necesitamos que haya una estructura y una política medioambiental y regulatoria predecible y estable que estén alineadas con la sustentabilidad que pueda provocar un cambio de dirección"; y concluyeron que si no veían un cambio, el riesgo de quedarse invirtiendo podría alcanzar un punto cero. Un directivo del grupo de una gerencia europea que también firmó la carta sentenció: "No es solo una amenaza. Consideraríamos nuestra retirada. Nosotros pensamos que Brasil debe enfrentar retos económicos estructurales, si no ajusta su plan de acción".

Los inversionistas también están preocupados por la industria de la carne enlatada en Brasil, la cual corre riesgos de perder los mercados internacionales por su papel en la deforestación. La empresa de carne, JBS ha sido acusada, en varias ocasiones, por los ambientalistas por comprar vacas de tierras deforestadas en  la Amazonía. El mes pasado, más de cuarenta compañías, incluyendo dos grandes cadenas de  supermercados  británicos Tesco y Marks and Spencer, alertaron que, bajo presión de sus clientes y consumidores preocupados por el origen y la marca ética de sus compras, podrían boicotear los productos brasileros, si el gobierno no actuaba contra la deforestación y la matanza de los pueblos indígenas tropicales.

"El miedo mayor es siempre que nuestras acciones financieras pierdan valor. Esto se verifica a través de las compañías que están perdiendo acceso al mercado, pero también podría ser debido a la pérdida de la reputación", dijo el gerente del Portafolio Europeo. El año pasado la gerencia de las acciones de Nordea suspendió la compra con el gobierno brasileño después de los aterradores incendios amazónicos causados por los ganaderos que desmontaron tierras. 

Gabriella Dorlhiac, directora ejecutiva de la Cámara de Comercio Internacional en Sao Pablo, señaló que no era  solo la pérdida de contratos que ellos tenían. También había que fijarse en el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea. Existe una amenaza de que un tratado que tomó 20 años negociar, sea puesto en peligro. Este acuerdo que facilita  el comercio entre los dos bloques, fue firmado el año pasado, pero falta el voto de ratificación de los parlamentos nacionales de algunos países europeos.

Jonathan Toub, gerente de los fondos mutuos de los inversores de Aviva señaló: “En nuestros portafolios de beneficios mutuos, nosotros teníamos visiones positivas hacia Brasil al principio de año. Sin embargo, el cambio en la  política socio-ambiental ha aumentado nuestra preocupación sobre el nivel de riesgo para nosotros por las prioridades del gobierno actual. Por eso, hemos reducido nuestra participación en las acciones brasileras en meses recientes"; y añadió que el gobierno brasilero debía dar pasos urgentes para revertir el ritmo de crecimiento de la deforestación. Irónicamente no solamente la falta de control de la pandemia dañará la confianza en la economía, sino también la falta de políticas de control de la desforestación.

No duda la ironía de este momento también de coronavirus, ya que sabemos que esta pandemia es resultado de un salto zoonótico desde el hábitat animal hacia el ser humano, por causa de la degradación ambiental. O por la manipulación irresponsable del virus procedente de los murciélagos.

Y si no, que se lo pregunten al presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, ¡ahora,  enfermo de una pequeña gripiña!, después de meses de restarle importancia a la pandemia.

*Juan Burgos Barrero, periodista boliviano, residente en Londres y Nueva York

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Juan Burgos Barrero
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