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Economía
Bolivia gasta más de lo que le ingresa
Apunte. En términos económicos, según el análisis de la Fundación Milenio y otros economistas, es que el déficit fiscal se dispara a -8,1% a diciembre de 2018. La situación según los economistas es preocupante y a la vez peligrosa.
Domingo,  23 de Junio, 2019
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Si en menos de seis años nos gastamos todo lo ahorrado en ocho años de bonanza y de paso, entre el 2014 y 2018, el gasto acumulado representó un 25,5% respecto al PIB, significa que hemos caído en un déficit fiscal, dice el economista Germán Molina. Esta situación es motivo de preocupación en el análisis de la Fundación Milenio. Es que el nivel registrado a diciembre 2018 fue de -8.1% del PIB, ubicándose como el segundo más alto en el periodo mencionado. Otros expertos suman sus criterios, en medio de inquietudes, incertidumbres y críticas a la actual situación económica y administración de gobierno.  

"Los datos más recientes de las cuentas fiscales en Bolivia muestran un déficit del sector público no financiero (la suma del Gobierno General y las Empresas Públicas) en 2018 de Bs 22,670 millones superior a los Bs 20,278 millones de 2017. Estas cifras son las más alta en al menos tres décadas", precisa el análisis de milenio. 

Molina puntualiza que durante los tres períodos presidenciales continuos del gobierno de Evo Morales (2006-2019),  envió a la Asamblea  Legislativa Plurinacional (ALP) catorce proyectos del Presupuesto General del Estado (PGE) anuales, de los cuales los primeros ocho años (2006-2013) fueron de un superávit fiscal acumulado de 14,5% respecto al PIB, y los siguientes seis años (2014-2019) un déficit fiscal acumulado de 40,0%, también con relación al PIB.

Patrón económico sin ajustes. 
La situación macroeconómica, a partir del 2014, cuando se registra el fin de una época denominada bonanza económica, se mantuvo invariable en términos de una profunda contacción en las ingresos, sobre todo para países tan sensibles como Bolivia, dependiente de la volatilidad de los precios de las materias primas. De costar por encima de $us 100 el barril de petróleo el 2014, éste descendió hasta $us 26 el 2016.  

En el caso de Bolivia, pese a la estrepitosa caída de los precios del petroleo y por consiguiente, de los ingresos por la exportación del gas a Brasil y Argentina, el gobierno se mantuvo firme en una posición conservadora, pero reacio a tomar medidas de ajuste, sobre todo al gasto público. 

Durante el 2018 el país registro un alto déficit fiscal, escaso ajuste en el gasto público, mayor endeudamiento público, desaceleración de la inversión pública, declinación de la producción hidrocarburífera y sequía en la inversión privada. 

Estas  fueron características que hoy, a decir de los expertos en economía, son una preocupación de la situación macroeconómica del país. "Los gastos que ha tenido todo el aparato estatal en los últimos cuatro años desde el 2014, el Estado ha ido perdiendo alrededor de un promedio de Bs 20.000 millones por año, con un acumulado que este 2019 alcanzará al menos 100 mil millones de bolivianos. Eso significa que los gastos son mayores a los ingresos que ha obtenido el Estado. Eso es preocupante, más cuando el gobierno no ha tomado la medida de hacer ajustes al gasto público", asegura el economista, Julio Linares.

A pesar de la leve recuperación de los ingresos por exportaciones como efecto de la mejora en los precios internacionales de las materias primas, entre ellas del petróleo que de una previsión de 45,5 dólares el barril en el PGE (Presupuesto General del Estado) 2018 alcanzó hasta $us 70, la economía de Bolivia sigue desacelerada, por el cambio de las expectativas optimistas a pesimistas por parte de los agentes económicos. 

"Si aún el crecimiento económico es aceptable, pero también es vulnerable su sostenibilidad por su elevada dependencia de la exportación del gas a dos mercados con contratos y con fechas de vencimiento en los próximos años, con la Argentina el año 2026 y con Brasil el año 2019, y además con yacimientos limitados", argumenta Molina.

Un contexto de altas y bajas. En el análisis, Milenio destaca que Bolivia se caracteriza por tener déficits crónicos, con un periodo excepcional de superávits consecutivos entre 2006 y 2013. A mediados de los noventa, en efecto, hubo un descenso del déficit gracias a los esfuerzos por reducir el gasto, mediante la privatización y capitalización de las empresas pública, que representaban un peso importante para el erario nacional. Pero eso no duró mucho tiempo, en parte debido a la reforma de pensiones que implicó un gasto mayor a lo esperado por parte del Estado. No obstante, el ajuste era algo imperante y a largo plazo mejoraría la situación del país. 

No hay que olvidar que en todo esto tuvo mucho que ver el contexto económico,  remarca Milenio, con unas condiciones poco favorables hasta fines del siglo XX y, que, como es sabido, se benefició del supercíclo de las materias primas de más de una década, por lo que no es sorprendente que las cuentas fiscales registraran una mejora en dicho periodo. "Lamentablemente poco después hemos vuelto al déficit fiscal", enfatiza dicho análisis.

Con respecto a los países latinoamericanos, el análisis de los expertos y Milenio señala que las cuentas fiscales en Bolivia son tan distintas del resto de la región. La caída en las cotizaciones de las materias primas ha impactado de manera negativa en las cuentas fiscales de Latinoamérica a partir de 2013.

Ciertamente, la intensidad del efecto fue distinta dependiendo del país, los canales de transmisión, la estabilidad y sus recursos disponibles. "En lo que sí se diferenció Bolivia fue el continuo incremento del déficit, situación que la mayoría de nuestros vecinos trató de corregir", precisa Milenio. 

Bolivia frente a la región. Sin tomar en cuenta a Venezuela  (que registró en los últimos un déficit por encima de -20%), Bolivia en 2018 fue la economía de la región con el déficit fiscal más elevado por segundo año consecutivo con un 8.1 por ciento del PIB. Los siguientes países con déficit elevados son Brasil con 7.1% del PIB y Argentina con 5.0% del PIB. "Llama la atención que pese a contar con una situación económica más delicada ambos países lograron mantener una cifra menor a la nuestra", remarca Milenio.

En ese contexto, Molina en una entrevista con El Día, recientemente aseguró que Bolivia quiere mantenerse en crecimiento no con esfuerzo genuino de los sectores económicos productivos, principalmente del sector privado, sino como consecuencia de un proceso de endeudamiento destinado al sector productivo estatal, que hasta la fecha no está dando resultados, que ellos mismos han programado.

Milenio refleja su preocupación en sentido que en los últimos cúatro año el tratamiento adecuado de las cuentas fiscales, lo que supone necesariamente hacer ajustes y se previsores con ello, han sido totalmente descuidados. Todo ello podría, en un contexto internacional, regional y nacional podría llevar a un serio desequilibrio de la economía. "Si se observa el presupuesto para 2019, no existe indicio alguno de prudencia fiscal y, al contrario, se busca mantener elevado tanto el gasto como el déficit, este último con el 7.8 por ciento del PIB. Ajustar las cuentas públicas es un imperativo", finaliza.

14 Años
De gobierno de Evo Morales, tiene un antes marcado por la bonanza económica hasta el 2014 y un después, con la caída de los ingresos y escaso ajuste fiscal, lo que provoca déficit.


Punto de vista

Julio Linares
Economista

Una semana que viene cargada de ideas

En los útlimos cuatro años es donde el déficit fiscal ha crecido en promedio por encima del 6,0% annual, luego de casi 10 años de superávit. Eso significa que los gastos que ha tenido todo el aparato estatal, en este periodo, fueron mayores a los ingresos que ha obtenido el Estado.  Para este año, según el presupuesto general del Estado, se prevé un déficit fiscal alto.

Eso obviamente es preocupante desde un punto de vista económico, pese a que el gobierno boliviano minimiza el hecho al calificar de déficit sano, al atribuir a una gran presencia de la inversión pública, cuando la misma está estancada. 

Pero la realidad nos dice otra cosa. Mientras los ingresos han ido bajando y los gastos se han mantenido en crecimiento. Nos estamos endeudando más que antes,  para sostener un aparato estatal tremendamente grande.

Entonces hay dos razones para que haya déficit fiscal: los gastos corrientes que hasta ahora no pueden ser ajustados y menos  bajarlos y por el otro las grandes inversiones en obras que se han convertido en elefantes blancos en el país. Además de muchas empresas como el ingenio azucarero San Buenaventura que no generan rentabilidad, están provocando esa situación. Eso es muy peligroso para el país. El gobierno debe tomar medidas muy serias en ese sentido de bajar esos gastos, por hoy innesarios.

Comportamiento fiscal entre el 2006 y 2018 con matices muy variables

Panorama. En relación con el Producto Interno Bruto, los ingresos totales del sector público llegaron al 39.1 por ciento del PIB en 2006, cuando se tuvo el primer superávit de 4.5 por ciento del PIB. Es interesante observar que ese nivel de ingresos prácticamente se ha repetido en 2018 (38.7 por ciento del PIB), solo que en este año (2018) las cuentas fiscales cerraron con un pronunciado déficit (8.1%). La diferencia se explica por el nivel del gasto: si en 2006 fue 34.6 por ciento del PIB, en 2018 el gastó creció en 46.8. En el período de 13 años, el nivel de ingresos más alto se registró en 2014, con un 51.4 por ciento del PIB, y aun así el saldo final fue deficitario,

Sector público. Las empresas públicas, por su lado, llevan varios años arrojando saldos negativos (en 2016 su déficit fue de 3.8% del PIB), aunque en las gestiones 2017-2018 tuvieron una cierta moderación, por un aumento de sus ingresos (luego de una fuerte caída en los años previos), reflejando la recuperación de los precios de las materias primas. Los gobiernos departamentales y municipales, por su parte, han sido más prudentes en 2017 y 2018, con déficits inferiores al 0.5 por ciento del PIB.