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Editorial
¿Y la soberanía Alimentaria?
Jueves,  14  de Febrero, 2019
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El analista Humberto Vacaflor asegura que los agricultores peruanos están de plácemes con Bolivia, pues consumimos cada vez más sus productos y no hablamos de nada exótico: cebolla, papa, tomate y posiblemente maíz, arroz, yuca y frejol dentro de poco, de continuar una particular forma de migración que está ocurriendo desde hace años en el Altiplano y los valles, donde la gente deja masivamente las labores del campo para dedicarse al contrabando, el narcotráfico y tantas otras actividades ilegales que últimamente han florecido con más fuerza que los camotes.

El artículo de Vacaflor carece de números, pero de eso se ha encargado precisamente la redacción de El Día, que bajo el título “El fiasco de la soberanía alimentaria”, muestra en un reportaje el riesgo que corre nuestro país, cuya importación de alimentos se duplicó en los últimos trece años, pese a la promesa de revolución productiva que hizo el “proceso de cambio”.

Si bien el volumen de los alimentos importados entre 2005 y 2018 se ha mantenido  casi invariable cada año y en total ha llegado a 700 mil toneladas en todo este tiempo, el valor de las compras ha crecido enormemente hasta alcanzar más de 6.500 millones de dólares, el 16,2 por ciento del Producto Bruto Interno (PIB).

Para comprender el tamaño del problema solo hay que observar que en 2005, los alimentos importados le costaron al país 218 millones de dólares y para diciembre de 2018 esta cifra había llegado a los 571 millones. El pico más alto coincide con el de mayor ingresos por exportaciones de gas –el 2014-, con 689 millones de dólares.

Si bien es cierto lo que dice Vacaflor, que muchos horticultores de las tierras altas han decidido cambiar de rubro y hay un déficit de producción, el grueso tiene que ver con las políticas que ha impulsado el Gobierno y que han desincentivado al sector agropecuario. El manejo gubernamental ha impuesto restricciones a las exportaciones, ha habido fallas graves de infraestructura y logística, además de la inseguridad jurídica y las prohibiciones para introducir nuevas tecnologías que han permitido altos rendimientos en países vecinos.

Los empresarios del oriente, los más dinámicos del país, se quejan de un grave estancamiento desde 2012, hecho muy serio para la economía nacional, pues su aporte al empleo representa el 30 por ciento y 12 por ciento del PIB.

Lo grave, como se decía al principio es que Bolivia no solo está aumentando la importación de alimentos procesados, sino también productos frescos y esto también tiene que ver con las diferencias cambiarias que ponen en inferioridad de condiciones a las exportaciones nacionales y brindan un escenario favorable al contrabando. Esta situación puede generar un daño irreversible a nuestra economía y la expone a un estado de indefensión sumamente delicado, pues ante una crisis de ciertas proporciones que nos impida seguir importando alimentos en los volúmenes acostumbrados, la población quedará a expensas de la escasez y el racionamiento.

Bolivia no solo está aumentando la importación de alimentos procesados, sino también productos frescos y esto también tiene que ver con las diferencias cambiarias que ponen en inferioridad de condiciones a las exportaciones nacionales y brindan un escenario favorable al contrabando.

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